El Reino de Dios y la propia experiencia de fe

Comentario del Evangelio del Domingo. Por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
El Reino de Dios y la propia experiencia de fe

El camino de la vida no podemos transitarlo solos, necesitamos de la luz de Dios y de la fe en el que nos permiten caminar con certeza, al mismo tiempo que a los demás como signos de la presencia de Dios en el mundo, son nuestra compañía en el peregrinaje por el. La esperanza que depositamos en Él nos mueve a caminar sin vacilaciones, con dudas y temores, pero en la cruz de Cristo todas ellas alcanzan una respuesta: la del amor. Las circunstancias adversas de la vida no siempre tienen una respuesta fácil de descifrar, es ahí donde el amor es no solo la única respuesta posible, sino la mas profunda y real, pues en el amor del Dios que se entrega por nosotros quedan superadas todas las ataduras y trascendidas todas las barreras.


En tiempos de Jesús el pueblo padecía la opresión del Imperio Romano, muchos permanecían en el destierro, y se preguntaban cuándo llegaría el Mesías y qué formas tendría la Salvación en la que según ellos serían liberados de este estado de retención. Es la instauración del Reino el modo en que Dios ofrece a su pueblo además que su consuelo paternal, la Salvación eterna, esa que está mas allá del límite temporal y toca lo íntimo de su ser para animarnos a transitar nuestra vida con la vista puesta en nuestro testimonio cristiano y la mirada en el mas allá en el que gozaremos de la gloria y la paz únicas de Dios, junto a él, con él y en él.


De modo pedagógico Jesús utiliza la parábola del grano de mostaza para referirse a la acción del Reino, sin embargo el evangelista aclara que esto lo hacía solo para sus seguidores, pues a sus discípulos les enseñaba de otra forma y en privado, ellos eran quienes compartían mas tiempo con el y lo reconocían como aquel que debía venir desde lo alto.


Este Reino posee en sí dos dimensiones, por un lado Cristo lo ha instaurado y lo vamos construyendo cada día con nuestro testimonio cristiano, en palabras del Santo Padre Benedicto XVI, transformando la realidad; y por otro el mismo ya ha sido totalmente realizado con la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de nuestro Señor.


Podemos reflexionar esta semana acerca de cuál es mi mirada acerca de Jesús, cómo lo reconozco, de qué modo esta parábola toca mi corazón y vivo el Reino de Dios en mi vida.


(EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)



 



 
 

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