El sordo que estaba privado de Dios

Comentario del Evangelio de este domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
El sordo que estaba privado de Dios

La santidad se traduce en fidelidad, en confiar en el Dios Único Todopoderoso que es capaz de abrir los ojos al ciego y los oídos al sordo. En él está depositada nuestra esperanza, confianza que no es más que la espera gozosa de que Él ha cumplido su promesa y vendrá al fin de los tiempos para “reconfirmarla”.


Ahora bien, cerca está la tentación de imaginarnos un Dios meramente “milagregro”, a modo de cábala según la cual hago algo para que este me cumpla mi pedido, sin pensar que siempre Dios quiere, y por tanto sabe de ante mano, lo que es mejor para nosotros, y aun del mayor mal saca algo bueno. ¿Qué significa estar ciego o sordo?. Se trata de una privación de uno de nuestros sentidos, es decir, que nos vemos privados de captar parte de la realidad, la misma se angosta, quedando limitada a tan solo aquello que nos es accesible.


Cuántos oyen pero no escuchan, podríamos decir respecto del evangelio de este domingo, oír es la capacidad de percibir sonidos, voces, etc; mientras que escuchar conlleva una actitud mas profunda: “Habla, Señor, que tu servidor escucha”, dice el profeta, es decir, no se limita a captar un ruido sino que su vida es configurada de acuerdo a aquello que percibe externa e internamente, reorientando su existencia.


¿Cuántas veces dejamos de escuchar la voz de Dios para reemplazarla por nuestra propia voz, por los propios deseos, apetencias, convirtiéndolas en dioses de nosotros mismos? ¿Cuántos aun no han experimentado el éffata (ábrete) de Jesús?


Nuestro testimonio concreto debe ser fuente de apertura de aquellos que no han percibido la Verdad Divina. En la sociedad somos agentes transmisores de aquel mensaje portador de vida nueva, de esperanza. Quien carece de algo hay algo que no puede percibir, hoy Jesús hace el milagro de permitir que el sordo escuche y no se deje mal conducir por doctrinas llamativas y extrañas, seductoras al oído pero perniciosas a la vida moral.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 
 
  • Eduardo Miranda
    DESCRIPCION Muy buena Nota, como siempre, sin deperdicio. Unos minutos de buena lectura hacen recargar combustible para la vida diaria. Gracias!

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación