Ella sabía que su hijo cruzaba la hora más triste y amarga

Jesús reza en el Huerto de los Olivos acompañado de sus amigos, que se dejan vencer por el sueño.

 
Ella sabía que su hijo cruzaba la hora más triste y amarga

Los apóstoles dormían en la hora más triste de Jesús en esta tierra. La excusa: tenían sueño. Pero Jesús moría... Sólo un apóstol velaba: el traidor. “Era de noche” había dicho Juan. Desde ese momento sería eternamente de noche para él. Otra alma estaba en vela, orando con lágrimas profundas en su rostro: María. No puedo creer que la Virgen María esa noche pudiera dormir. Le habían arrancado el sueño. Los corazones que aman, aunque no vean, saben.


Ella sabía, por intuición maternal y sobrenatural que su hijo cruzaba la hora más triste y amarga, Y Ella, la Virgen fiel, la Madre maravillosa, le acompañó, lo fortaleció. Ella fue el ángel que le infundió fuerzas. Eres corredentora por haber sostenido con tus brazos, oración y amor al Redentor en su pasión y muerte. Esa noche no fuiste para ti, fuiste toda para Jesús moribundo. Tu corazón, tu amor, tu oración lo mantuvo en vilo. Como cuando era un niño le animaste a repetir aquellas palabras que Él te había enseñado desde siempre: “Tu voluntad, Señor”. Palabras que Él se sabía muy bien, pero que en el océano de dolor y abandono en que navegaba, era casi incapaz de balbucir.


Tú recogiste en tu corazón aquella sangre de tu Hijo. Aquella sangre que sería inútil para muchos, Tú la transfundiste a los futuros mártires.


Tú supiste de Judas. ¡Qué dolor, qué dolor, qué dolor inútil para él! Con una voz que hubiera amansado a la fiera más salvaje, le dijiste: “¡Judas, Él perdona!” Y estas palabras no amansaron a aquella fiera humana, como tampoco las palabras más amorosas y suaves que haya recibido de Dios un pecador: “Amigo, ¿a qué has venido? ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Si todos llevamos en los labios el beso de Judas, te pido me concedas, si soy una fiera humana, la ternura que manifiesta un tigre con sus cachorros. Jamás permitas en mí la reedición del apóstol reconocido como “el traidor”. Cualquier cosa menos eso.


Tú supiste de Pedro. ¡Qué dolor, qué dolor, qué dolor tan distinto! Cuando te contaron de sus lágrimas, las tuyas se calmaron. Era un apóstol herido, pero salvado. Si Jesús había rogado por Simón, seguramente Tú también rogaste por él, porque eras la Madre de la Iglesia, y si por alguien debías rogar era por el vicario de tu Hijo. Cuantas victorias finales habrás de lograr con apóstoles heridos, maltratados por Satanás, cribados por él. Pero Cristo ha rogado por ellos y Tú has intercedido también. Yo quiero ser uno de esos a quien tu intercesión salve del abismo.


Tú supiste que lo aprehendieron y lo llevaron al Sanedrín y a Pilatos y a Herodes... ¡Horror! y ... lo condenaron a muerte. La espada entró casi hasta la empuñadura en tu corazón. La hora tan largamente temida, la hora que Tú trataste de detener con tu amor, rompió el dique y arrasó con todo, te arrastró a ti por la impetuosa corriente. Eras una herida total que aún con el roce del aire, el vuelo de una golondrina te hacía sufrir intensamente.


(Fuente: Catholic.net | Autor: P Mariano de Blas LC)


 


 


 


 
 
  • NOMBRECarlos A. Varas W.
    Muy buena la nota, aunque tiene algunos añadidos extrabiblicos, es decir extrapolados. No sabemos si María no dormía, el texto no lo menciona, es una suposición. Tampoco el texto habla de rezar, que no es lo mismo que Jesús pide (orar). Son cosas distintas. Lo que entró en su corazón (en el de Jesús) no fue una espada, sino una lanza ( S. Juan 19.34). Creo que cuando transmitimos la Palabra de Dios es bueno ser fieles al texto, en lugar de hacer eiségesis. Saludos
  • Alejandro Butowicz
    María acompañó toda la pasión de su hijo amado, Jesucristo. Los evangelios hablan poco de ella, pero ya desde la anunciación, el nacimiento, la presentación en el Templo, María guardaba en su corazón todo lo que acontecía. Y en silencio, aceptaba la voluntad de Dios. La espada traspasó el corazón de María como le había anunciado Simeon en la presentacion al Templo."y a ti misma una espada te atravesará el corazón" (Lucas 2,35). Carlos, ¿Como podemos pensar que María dormía esa noche?. Toda madre siente cuando su hijo está en peligro. Y más María la elegida para ser el Arca de la Nueva Alianza, porque en su vientre se engendró el Salvador por obra del Espiritu Santo. Ella fue elegida y preservada para su misión en el plan de Dios. Esa jovencita sumisa ante el anuncio del ángel, dijo «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». (Lucas 1, 38). Ella abrió la puerta al plan salvifico. Hermoso el texto publicado y creo plenamente que es fiel al texto de los relatos biblicos.

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