Encaminado a la oración

Aun en medio de las distracciones es el Señor quien nos escucha y quien ora en nosotros.

 
Encaminado a la oración

Hoy me siento a escribir con una duda que da vueltas en mi cabeza hace unas semanas. Cuando uno va caminando, casi por inercia, empieza a reflexionar sobre asuntos que le pertenecen.


Esta vez me planteaba (como estoy acostumbrado a hacer) la manera en la que vivo mi fe en el día a día. Claro, el primer error que saltó fue la oración. Reconozco que siempre fui débil para rezar. Como todo cristiano, vivo en constantes altibajos. Pero más cerca o más lejos, la oración siempre fue un aspecto que molestaba dentro mío porque ansiaba poder entrar en oración de una manera correcta y no lograba hacerlo. Esta historia no es la épica de Hollywood en la que termino rezando un rosario por día, pero debo reconocer que cuando uno está necesitado de algo, con perseverancia, fuerza de voluntad y la ayuda de Dios, se puede conseguir.


Con el inconveniente bien claro llegué a mi casa, encaré para el escritorio con la ansiedad que me caracteriza y con la ayuda de José Rivera, un sacerdote español de gran espiritualidad, empecé a buscar la respuesta a esta inquietud.


Una palabra bastó para destrozarme: distracciones. Para mí, el mejor momento para rezar es mientras camino solo. Pero caminar solo por el centro de la ciudad es motivo también de distracción. Existen dos tipos de distracción: la distracción voluntaria o la distracción involuntaria. A veces no queremos aceptar nuestros errores y por eso quise “elegir” la distracción menos grave aun sabiendo que estaba mintiéndome. El problema fue cuando me di cuenta que ninguna de las dos opciones me servía. Si era voluntaria, significaba que era culpable de esa distracción pero me dejaba tranquilo el saber que eso era remediable y que dependía de mí. En cambio, si era involuntaria, la distracción era irremediable pero mi conciencia iba a estar más tranquila.


Como verán, ambas distracciones plantean un problema pero nos regalan una luz de esperanza para superar esta cuestión. Sí, es Jesús la persona que ante cada problema nos muestra esa luz y nos da la oportunidad de superarnos y seguir creciendo en nuestra fe.


Fue así cuando decidí volver a la oración más sencilla: la oración vocal. Con oración vocal me refiero a las oraciones tradicionales como el Padrenuestro, el Ave María, el Gloria, entre otras. La oración vocal es el modo más humilde de rezar y a la vez, el más sencillo.


Les propongo esta semana, a quienes les cueste orar, que volvamos a la sencillez de la oración con humildad y apoyándonos en estos sencillos pasos:

1. Poner atención a Quién se habla: es el Señor quien nos escucha y quien ora en nosotros.

2. Prestar atención a lo que decimos: <Que la mente concuerde con la voz> (Concilio Vaticano II).





3. Rezar despacio: la rapidez es el peor enemigo de la oración.




4. Elegir bien las oraciones vocales que vamos a rezar.




5. Repetirlas si es necesario siempre concentrados en lo que decimos.


(Fuente: YO CREO / Autor: Matej Ravnik)


 
 
  • Vesna
    Me parece maravilloso que hagan participar a la juventud en estos temas .... ya que ellos son nuestro futuro y estàn muy comprometidos con Dios y la Iglesia . Apoyèmoslos y compartamos todas sus inquietudes .

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