Frases de enamorados

Leer las cartas de San Pablo es descubrir un corazón enamorado, un hombre apasionado por el Evangelio que no duda en dar todo por su Señor.

 
Frases de enamorados

 «Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo» Filipenses 2, 5


«Mi vida es Cristo» Filipenses 1, 20

 

Dentro de los grandes maestros de vida espiritual no podemos olvidar a uno de los principales y que ha sido el inspirador de muchos otros: San Pablo. Hombre de temperamento explosivo, se enamoró de su Señor y ya no esquivó ningún sacrificio con tal de agradarlo y cumplir con su misión. Y fue tal el cambio que Cristo obró en su corazón, que lo que antes le era imprescindible lo consideró basura con tal de agradar a Dios y llevar el Evangelio a cuanto lugar pudiera. 

¿Qué cambió la vida de Saulo de Tarso (tal su nombre antes de ser cristiano)? ¿Cómo es que de perseguidor furioso del cristianismo se convirtió en el máximo expositor de la doctrina cristiana? La respuesta, tal vez, viene del enamoramiento

Los enamorados siempre se han dedicado las más dulces palabras, antes las tallaban en un tronco de árbol, hoy las envían por las redes sociales. Lo esencial no ha cambiado, quien ama desea al amado, exalta sus virtudes, extraña su presencia, lo tiene presente en su mente durante toda la jornada.

Leer las cartas de San Pablo se asemaja a repasar tuits de enamorados. Basta ver los dos mensajes que encabezan este artículo. ¿Verdad que son palabras de un enamorado? 

Para San Pablo orar no es un método sino el diálogo con su Amor, con quien sabe le ha dado todo. Dios no es para él la camisa que se pone el domingo o la aspirina que se toma cuando algo va mal.

Es su todo.

Y por lo mismo, cuando ora va conociendo más a Cristo, se va configurando con Él, se va asemejando cada vez más al Amado. Así, sus palabras y sus acciones no son más que la manifestación de las disposiciones interiores del alma. Si se piensa como Jesús, se obrará como Él. 

Habría mucho que decir de San Pablo, pero estoy seguro que él mismo estará de acuerdo con nosotros que la raíz, el centro de toda su vida, no es otra cosa que su amor por Cristo.

No sin razón decía -y ojalá que sea también nuestro ideal-: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en la carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí» Gálatas 2, 19-20.

P. Juan Antonio Ruiz

Fuente www.la-oracion.com (Adaptación)
 
 

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