Hablarle de corazón a corazón...

Se nos propone que nos situemos delante de las palabras: “Mi fe tiene sentido y aumenta los latidos”.

 
Hablarle de corazón a corazón...

El corazón de Jesús es humano, es real. Si le contamos lo que nos aleja de él y lo que no nos gusta porque nuestro corazón pierde paz, Él se conmueve. Si le mostramos nuestras heridas: la que está en una pierna por ejemplo o dentro de nosotros, como los enfados sin perdonar o las distracciones que no me dejan concentrar, lavará con agua y perdón, lo iluminará y lo mejor es que estaremos muy bien cuidados.


Es grande en misericordia, eso quiere decir que está atento y viene a las necesidades de nuestro corazón.



Cuando Jesús se apareció a Santa Margarita de Alacoque, le dijo “que miráramos su corazón, lleno de amor por los hombres”. Aunque nos olvidemos y no lo tratemos bien, su corazón nos esta amando y esperando siempre. En Él encontraremos para nosotros, nuestras familias y amigos, refugio, consuelo y abundantes gracias.



También cuando el ángel de la paz se apareció a los tres niños en Fátima, les dijo que: “Los corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de sus suplicas”.



Busquemos hacer silencio para poder escuchar lo que Él nos dice y para que nosotros podamos contarle lo nuestro del mismo modo, porque podemos compartir con Jesús, con toda confianza.



¿Cuáles son tus lugares tranquilos favoritos ?



¿Hay alguna hora del día en que puedas estar en silencio, contándole con tu corazón tus cosas al corazón de Jesús? ¿Que le contarías ahora?



 


(Fuente: Catequesis Familiar – Autor: Carmen Francisco)


 
 

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