Hay que disfrutar de todo lo bueno que nos brinda la vida

El gozo es parte de la existencia y de la espiritualidad.

 
Hay que disfrutar de todo lo bueno que nos brinda la vida

Disfruto caminar descalzo en la playa. Disfruto una cabaña con chimenea en la montaña. Disfruto el aroma de un buen café. Disfruto la mirada de un niño al recibir su primera comunión. Disfruto el gozo de Jesús al entrar en el corazón de ese niño. Disfruto contemplar las estrellas. Disfruto un buen filete asado a las brasas. Disfruto ver que las heridas más hondas de la vida llegan a ser fecundas. Disfruto cuando todos los semáforos me tocan en verde. Disfruto terminar la jornada cansado y satisfecho, y tantas cosas más.... Y yo creo que Dios disfruta vernos disfrutar la vida.


Me gusta conversar con Alois, el jardinero de nuestra casa. Un día le pregunté si disfrutaba lo que hacía. Me respondió que al inicio Dios dijo al hombre que trabajara y comiera. Y yo le dije: “Y que rezara”.

Alois me aclaró que no, que Dios no le pidió a Adán que rezara.

Le pregunté: “¿Entonces qué hacía Adán cuando salía a caminar con Dios por el jardín del Edén en la brisa de la tarde? ¿Trabajar o rezar?” Respondió: “Ninguna de las dos, la pasaban bien juntos, era como un pasatiempo…”

 

Estoy de acuerdo con Alois: hay que pasarlo bien junto a Dios.

El buen cristiano disfruta los dones de Dios en la creación, lo alaba y le pregunta sorprendido:  “¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?” (Sal 8, 5). Y orgulloso de su Padre reconoce: "Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus creaturas" (Sal 145,9).

Disfrutar no es ceder a las tentaciones abusando de la bondad y la confianza de nuestro Creador. Eso sería un pecado, y como tal  rompería la armonía y lo echaría todo a perder, porque pecar es fallar al amor.

Por el contrario, tocar el instrumento que más te apasiona en la sinfonía de la historia, y tocarlo con todo el corazón, te realiza y te hace feliz. Y tocarlo en la presencia de Dios es una forma de oración, una forma de amar y acrecentar la comunión de vida con Él.

Creo que disfrutar las cosas buenas y bellas de la vida (aunque sean difíciles), acordarse del Señor en esos momentos y decirle: “¡Gracias!”, es una oración que arranca a Dios una sonrisa.

P. Evaristo Sada

Fuente www.la-oracion. com (Adaptación)

 
 
 

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