Humildad, actitud y abrir el corazón

“No tengo miedo a la acción de los malos, sino al cansancio de los buenos”, solía decir el Papa Pío XII durante la guerra, comentario del Evangelio del Domingo por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Humildad, actitud y abrir el corazón

Todos en algún momento de la vida experimentamos algún tipo de cansancio: físico, espiritual, psíquico, moral; fruto del trabajo, de la rutina, de las exigencias, etc. Nadie está libre de ser víctima de aquello que los profesionales denominan con el término burn-out: cansancio profesional, pérdida de motivaciones profundas, de interés por las cosas.


La sociedad en la que vivimos, en donde se corre de un lado a otro, donde nada o poco se procesa debidamente, donde lo que importa es la utilidad pronta y rápida y no el gozo, es común hallarnos inmersos de repente en este fenómeno, es decir, quedar masificados en la común parafernalia a la que nos somete el mundo. Hemos nacido únicos, con un proyecto personal que ha sido pensado desde la eternidad por Dios y, sin embargo, caemos fácilmente en el montón, somos uno más.


Quien se cansa de hacer el bien es porque o bien ha perdido sus motivaciones, o se ha autocentrado de tal modo que padece de “ombliguismo”, y esto lo lleva a ser esclavo de sí mismo, a pensar solo en sí y a partir de sí, lejos de lo que la dinámica del Reino propone. Jesús mismo es la personificación del Reino de Dios, él mismo es el Reino, y se expresa como donación, como entrega de sí. Así se ofrece como remedio para quienes estén cansados o agobiados: vengan que yo los aliviaré. Pero para esto primero debemos hacer una pausa en nuestras actividades, no hay lugar para que Dios obre allí donde solo dejamos que obren nuestros proyectos personales.


La humildad es la virtud de todo buen cristiano que aleja la soberbia del corazón humano y renueva nuestra vida, modifica hábitos y conductas al tiempo que nuestro modo de relacionarnos con Dios y con los demás. Solo quien se sabe creatura, dependiente del amor creador de Dios, y muere a su autorreferencialidad, puede hacerse hermano de los otros, de lo contrario es un hijo único espiritual que según sus caprichos tiene un Dios a medida, pero prontamente se aburre de él y necesita de otro: dinero, confort, poder, pues solo Dios satisface el deseo interior de todo hombre.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com / Twitter: @emilioroz)


 


 
 

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