Jesús: ‘¿Y ustedes quién dicen que soy?’

No se pregunta quién es Jesús visto en sí mismo sino desde nosotros en general, como creyentes, y desde cada uno en particular. Es el Jesús de la fe de cada uno, el de la propia relación, el “Jesús íntimo”.

 
Jesús: ‘¿Y ustedes quién dicen que soy?’

Hay muchos que consideran a Jesús sólo como un personaje importante, una figura histórica fundamental, una pieza de museo, alguien perdido en la memoria de los siglos, la figura que aparece en las estampas de devoción, un líder, un revolucionario de su época, un trasgresor,  un modelo, un referente, un enigma, un secreto, un misterio, un código oculto a descifrar, una abstracción de la teología y de la historia de las religiones; etc. ¡Existen muchísimas lecturas de Jesús a lo largo de los tiempos! En el Evangelio el propio Jesús interroga a los suyos acerca de “qué dice la gente sobre el hijo del Hombre”. Luego circunscribe el interrogante de manera aún más comprometida y personal: “¿Y ustedes quién dicen que soy?”


Ése es también un interrogante para nosotros hoy. La respuesta a esa pregunta a lo largo de la vida cada uno tiene que intentar darla. Todos tenemos una cierta imagen de Jesús, la cual muchas veces es sólo nuestra propia proyección de ideas, visión de la vida, formación religiosa e incluso nuestros propios condicionamientos y prejuicios. Además construimos nuestra imagen personal de Jesús con lo que sacamos del imaginario colectivo,  los pensamientos de otros y lo que nos dice la historia, la cultura, la filosofía, la teología, el arte, el cine y la literatura. Preguntar por Jesús es preguntarse quién es Él para mí. Esto no consiste en una investigación histórico-biográfica sino en captar la propia apreciación personal y  la significación que Él tiene hoy para mí. Conocer a Jesús es entrar en su “alma”, lo que lo hace ser quien es. A nadie le interesa la pregunta por la identidad de Jesús si -de algún modo- no la refiere a sí mismo: a su vida, a su búsqueda y a su fe. El interrogante que nos despierta Jesús es más relacional que científico o histórico. No se pregunta quién es Jesús visto en sí mismo sino desde nosotros en general, como creyentes, y desde cada uno en particular. Es el Jesús de la fe de cada uno, el de la propia relación, el “Jesús íntimo”. El conocimiento interpersonal no es meramente intelectual, teórico e informativo. Conocer a alguien no se limita a los datos objetivos que podemos tener o a nuestras apreciaciones sino a la compenetración que tenemos con esa persona, al vínculo profundo de la presencia y el encuentro, la mutua reciprocidad, la confianza y el diálogo.  


Hay otro texto del Evangelio que aborda el tema de quién es Jesús: aquél donde Juan el Bautista, estando detenido en la cárcel por Herodes, le remite a Jesús sus enviados para preguntarle si era Él a quien esperaban. Jesús no responde directamente sino que le provoca a Juan un último discernimiento. No le da la respuesta hecha. Él tiene que descubrirla. Jesús remite a los signos externos y visibles de su actividad: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y se anuncia el Evangelio a los pobres” (Mt 11,4s). Esos signos revelan la verdad profunda pero sólo los puede descubrir quién se arriesga a la pregunta y al ejercicio personal de la propia respuesta.  Aquí también el interrogante por Jesús no obtiene una respuesta mirando sólo los datos y los hechos que Él realiza, ya que las acciones pueden ser interpretadas de diversas maneras. La respuesta que da Jesús es por la significación que Él tiene para los otros, especialmente para los más necesitados y vulnerables. Las acciones de una persona incluyen su ámbito “interior” (actitudes, afectos, valores) los cuales se reflejan en su obrar. En la respuesta a Juan el Bautista es Jesús desde la perspectiva solidaria, comunitaria, social: los ciegos, los cojos y los leprosos. Es Jesús desde la mirada del más débil y necesitado a partir de las acciones exteriores que realiza en bien de otros. Acciones que leídas desde la fe se vuelven “signos”.


En cambio en el texto anterior es un Jesús que pasa de las opiniones de terceros a la referencia personal. No es Jesús contemplado desde las acciones exteriores sino el “Jesús de la interioridad”, desde el vínculo que cada uno ha generado con Él. En nuestra vida a veces estamos como los discípulos viendo quién es Jesús para los otros o para nosotros, o como Juan el Bautista, con ciertas dudas esperando que nos confirmen la respuesta que disipe nuestras cavilaciones. Tanto en uno como en otro caso, la pregunta nos involucra directa y personalmente a nosotros mismos, a cada uno. Ya sea que nos interese la persona de Jesús o sus acciones, su forma de ser para con los otros o para con nosotros, en todos los casos, tenemos que descubrir por la fe la persona de Jesús y los “signos”  que nos revelan su misterio. 


(Fuente: Yo Creo - Autor: Eduardo Casas)



 
 

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