Judas no pasó de moda

Entre nosotros muchos le quitan el hombro al otro cuando ven que flaquea y no son pocos quienes negocian con el dolor ajeno.

 
Judas no pasó de moda

El inicio de la Semana Santa está marcada por dos gestos que no deben pasarnos desapercibidos, por un lado el gran lamento de Jesús al entrar en la ciudad y ver lo corrompida que se encuentra; por otro el saludo con las palmas, cual rey victorioso, que nos anticipa el triunfo definitivo que todo esto tendrá en la Resurrección.



Cada paso que hace montado en el asno lo conduce hacia la soledad más profunda, la de aquel que ha descubierto que le llegó su hora, la de ser entregado y ser despreciado e insultado por los mismos que, rato antes, lo alababan y seguían como a su Señor. Es el momento de encontrarse consigo mismo, de bajar a lo más profundo de la miseria humana, de la propia miseria, y vivirla en carne propia. Su humanidad toca lo más hondo de nuestra humanidad: el dolor, el sufrimiento, el abatimiento.


Sobresale otro personaje, Judas, nuestro chivo expiatorio, pues en él depositamos toda nuestra desconfianza, lo miramos de reojo cual verdugos del bien, sin detenernos a pensar si se trata de algo ficticio y anacrónico, creado para el momento y necesario para que se sucedan los hechos, o en realidad su figura no ha pasado de moda. Su actitud de mercenario no es solo la más depreciable, sino ante todo su desconfianza respecto de aquel al que llamaba “Maestro”.


Ver entrar a Jesús en esas condiciones, a sabiendas de lo que va a ocurrir, habiendo sido traicionado, y sin ver la aparente mano de Dios, no puede menos que generar su desconfianza y decidir no jugársela por él, sino hacer la suya. Judas no es una moda pasajera, aun entre nosotros muchos le quitan el hombro al otro cuando ven que flaquea en algún aspecto, no son pocos quienes negocian con el dolor ajeno, ni quienes juzgan criteriosamente a quienes antes ponderaban sin ahorro.


Dios está allí presente, obrando en Jesús que en su divinidad está dispuesto a entregar su vida por nuestra Salvación y en su humanidad es acompañado por el designio del Padre, y en la conciencia del propio Judas que, a medida que se vayan ocurriendo los acontecimientos, irá generando en él un sentimiento de desesperación ante la toma de conciencia del mal cometido. La semana que viviremos nos invita al recogimiento y a la reflexión acerca de nuestras actitudes condenatorias o de nuestro desinterés respecto de los demás, al tiempo que un espacio para mirar nuestra vida de fe y ver el realismo de la cruz en Cristo y en nosotros, y la fuerza sanadora de la Resurrección.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Emilio Rodríguez Ascurra / @emilioroz)


 
 

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