La amistad según Henri Nouwen

Una mirada cristiana a la amistad, la presencia de Dios se manifiesta cuando una amistad es auténtica.

 
La amistad según Henri Nouwen

La palabra central es 'relación'.


Deseamos romper nuestro aislamiento y nuestra soledad y establecer una relación que nos proporcione un sentimiento de familiaridad, una experiencia de pertenencia, una sensación de seguridad y el sentimiento de que mantenemos una buena comunicación. Pero cada vez que intentamos estas relaciones, descubrimos rápidamente lo difícil que es estar cerca de alguien y lo complicada que es la intimidad entre la gente.


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Es muy difícil que el amor no se vuelva posesivo, porque nuestros corazones buscan el amor perfecto y ningún ser humano es capaz de darlo. Solamente Dios puede ofrecer un amor perfecto.


Por lo tanto, el arte de amar incluye el arte de darle espacio al otro. Cuando le damos al otro espacio para que se mueva y comparta nuestros dones, llega a ser posible la verdadera intimidad.

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¿Somos amigos de nosotros mismos? ¿Amamos lo que somos? 


Estas preguntas son importantes porque no podemos desarrollar buenas amistades con los otros a menos que nos hayamos hecho buenos amigos de nosotros mismos.

¿Cómo se hace uno amigo de sí mismo? Debemos comenzar reconociendo la verdad sobre nosotros. Somos hermosos pero también tenemos limitaciones, ricos pero también pobres, generosos pero también preocupados por nuestra seguridad.

Sin embargo, más allá de todo esto, somos seres con alma, con chispas de lo divino. Reconocer la verdad sobre nosotros mismos significa reclamar sacralidad de nuestro ser, sin entenderla del todo.

Nuestro ser más profundo escapa a nuestra capacidad mental o emocional de comprender las cosas. Pero cuando confiamos en que nuestra alma está abrazada por un Dios amante, podemos hacernos amigos de nosotros mismos, ir hacia los otros con amor y relacionarnos con ellos.

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Muchas relaciones humanas son como los dedos entrelazados de dos manos. 


Nuestra soledad nos hace adherirnos unos a otros. Este mutuo aferramiento nos hace sufrir mucho, porque no nos quita la soledad. Cuanto más fuerte sea el intento, mayor será nuestra desesperación en el fracaso.

Muchas de estas relaciones 'entrelazadas' terminan rompiéndose porque suelen convertirse en relaciones sofocantes y opresoras.

Las relaciones humanas deberían ser como dos manos unidas en oración.

Podemos apartarnos sin dejar de tocarnos con las puntas de los dedos. Pueden crear un espacio entre ellas, una pequeña carpa, un hogar, un lugar donde estar seguros.

Las relaciones fieles entre las personas señalan hacia Dios. 

Son como oraciones en el mundo. A veces las manos que rezan están unidas, a veces el roce no es total, las separa una cierta distancia. Se mueven, separándose o acercándose, pero nunca pierden el contacto. Siguen rezando a aquel que nos ha reunido. 

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Un amigo es más que un terapeuta o un confesor.

Un amigo es esa persona con la cual podemos compartir nuestra soledad,

nuestro silencio y nuestra oración.

Un amigo es esa otra persona con quien podemos mirar un árbol y decir: 'Mira, ¡qué hermoso es!', o sentarnos en la playa y mirar como cae el sol.

Con un amigo no tenemos que decir ni hacer nada especial.

Con un amigo podemos permanecer en silencio y saber que Dios está allí, con los dos.

Henri Nouwen, selección de textos
 
 

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