La Eucaristía, alimento para la salvación del mundo

Reflexión del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
La Eucaristía, alimento para la salvación del mundo

Continuamos el mismo contexto del Evangelio de la semana pasada, en el que Jesús alimenta a la multitud, hoy se nos propone como el pan vivo bajado del cielo, como el alimento enviado por al Padre para saciar el hambre del pueblo escogido.


 Así como el maná del desierto invitaba a descubrir le presencia real y misericordiosa de Dios en medio de su pueblo, Jesús Eucaristía es una invitación a redescubrir la presencia de Dios que da de comer a su pueblo pero de forma plena, es decir, ya no es el maná que sacia solamente el cuerpo, sino el pan que sacia el hambre y la sed de Dios, de sentido de vida, que colma a quien lo recibe de fuerza para afrontar las dificultades y vicisitudes de la vida, al mismo tiempo que alimenta las iniciativas portadoras del mensaje del Reino.


No es fácil trascender la materialidad del pan, nos cuesta creer en la presencia viva y concreta de Cristo en las especies eucarísticas, sin embargo, un dinamismo interior, nuestra fe, nos impulsa a adorar y proclamar que Jesús mismo está presente en el Santísimo Sacramento del Altar y desde allí ilumina toda nuestra vida, le aporta luz. Dice san Agustín: "¿Quién, sino Cristo es el pan del cielo? Pero para que el hombre pueda comer el pan de los ángeles, el Señor de los ángeles se hizo hombre. Si esto no se hubiera realizado, no tendríamos su cuerpo; al no tener su propio cuerpo, no comeríamos el pan del altar" (Sermón 130,2).


En su oración del Ángelus del domingo pasado el Santo Padre Benedicto XVI da una coordenada que nos permite profundizar nuestra meditación acerca de la Eucaristía: “…no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente.”


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 
 

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