La sabiduría ha preparado el banquete

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
La sabiduría ha preparado el banquete

Jesús se nos ha presentado en los domingos anteriores primero como “el pan de vida” (Jn. 6,35), luego como “el pan que ha bajado del cielo” (Jn. 6,41), ahora da un paso mas y dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tendrá vida eterna” (Jn. 6,54), él mismo se presenta como ese pan que debe ser comido para alcanzar la verdadera sabiduría, él que es el Camino, la Verdad y la Vida, y por quien nadie va al Padre sino por él, quien ha sido enviado.


Para comer es necesario primero tener hambre, hambre de una respuesta profunda y real para nuestra vida, hambre de verdad, hambre de sentido, he aquí el manjar que da vida, nueva vida, y vida en abundancia al mundo. Jesús ha querido quedarse en medio nuestro a través del sacramento de la Eucaristía, él es la Sabiduría de la primera lectura que prepara el banquete. Él es quien desea reunirnos en todo de sí para alimentarnos y para que lo hagamos en torno al altar, lugar de encuentro de la comunidad para la comunión, no hay comunión sin comunidad ni viceversa, pues el aspecto celebrativo de nuestra fe no es un hecho privado, no podemos privatizar los dones que el Señor dejó para todos.


Sin embargo Jesús no obliga a los judíos a quienes se dirige a que crean en lo que les dice, sabe que cada persona tiene sus tiempos, es portadora de una historia, y por tanto, posee coordenadas de vida distintas. Jesús sencillamente se ofrece a sí mismo  como ese pan vivo bajado del cielo que posee en sí la vida eterna. Quienes coman de él no solo quedarán saciados, como ocurre cuando nos alimentamos de los alimentos materiales, quienes son asimilados por nuestro organismo, sino que es él quien nos configura consigo, nos hace parte de sí al comer de su cuerpo y beber de su sangre.


Quien come con otro comparte, se hace parte de ese mismo acto, quien además bebe de la misma sangre es hermanado, pues quien comparte la misma sangre, dimensión de vida, de dinamismo, se hace a su vez parte del otro, la sangre es signo de vida. La referencia a la comunidad es esencial para la vida de fe y para el anuncio cristiano a través del testimonio, de allí que Jesús confíe a Pedro el cuidado de su pueblo, a la respuesta de este sobre si verdaderamente lo amaba no le pide que se ocupe de sí, sino “Apacienta mis ovejas”, ocúpate de ellas, asegúrate que entre ellos se parta y comparta el pan hasta que vuelva. De allí que debamos recuperar con nuevo valor y dinamismo el aspecto celebrativo-sacramental de la Eucaristía, teniendo una nueva mirada sobre ella, como cristianos que hemos comido y bebido de aquel que nos da la nueva vida.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 
 

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