La voz no es la Palabra

“Yo soy una voz que grita en el desierto”. Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
La voz no es la Palabra

La respuesta de Juan Bautista a los sacerdotes y levitas es gráfica en este tiempo de preparación a la Navidad, tiempo también de penitencia en cuanto revisión de nuestra vida de fe. “Yo soy una voz que grita en el desierto”, Juan anuncia al verdadero Señor que está por llegar, pues la voz no es mayor que la Palabra, sino su expresión sonórica. La Palabra tiene consistencia por sí misma mientras que la voz es algo así como la expresión física de ella.


Ahora bien, en muchas oportunidades nuestra imagen de Jesús, nuestra vida de fe se sustenta en lo aparente, en la voz, en lo superficial, pues no hemos logrado hacer experiencia del Dios que se Encarna, de la Palabra que habita en medio de nosotros. he aquí el reproche de Juan en el mismo fragmento del evangelio: “…en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen”


El desierto tiene para los judíos la imagen de camino, de paso hacia la promesa divina; por el contrario para nosotros representa lo inhóspito, lo inhabitable. Así podemos sacar dos conclusiones prácticas: nuestra vida cristiana se queda en oportunidades a mitad de camino sin llegar nunca al encuentro con Jesús o bien el anuncio cristiano nos es indistinto, vacío de contenido como el desierto. La tentación a la auto justificación y a la auto referencialidad son dos grandes males que nos alejan del amor de Dios, nos hacen incapaces de abrirnos a los demás, a quienes nos necesitan.


Lejos de esto la gratitud por lo bueno, por lo bello, pero también por las adversidades, por aquello que nos resulta un obstáculo, como nos enseña el santo de la vida ordinaria, San Josemaría, dilata nuestro corazón para que vivamos deseosos de dar a conocer la Palabra que nos cambia la vida, que nos trae buenas noticias, que nos plenifica. A casi diez días de la Navidad reflexionemos acerca de cómo estamos en relación con aquel que se hace pequeño como nosotros y nos ofrece su amor y perdón, es una relación meramente superficial, institucional, o ha penetrado en nuestro interior de modo tal que alienta nuestra vida.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / @emilioroz)


 
 

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