Los cuatro pasos para una oración perfecta

Juan Casiano fue uno de los grandes maestros de oración. Su experiencia personal y el camino de perfección.

 
Los cuatro pasos para una oración perfecta

Monje y escritor del sur de la Galia, Juan Casciano fue el primero en introducir las reglas del monacato oriental en Occidente. Nació, probablemente, en Provenza hacia el 360 y murió alrededor de 435, probablemente, cerca de Marsella.


Hijo de padres ricos, recibió una buena educación, y cuando aún era joven visitó Tierra Santa. En Belén, Casiano asumió junto con un amigo las obligaciones de la vida monástica, pero como ocurría con muchos de sus contemporáneos, el deseo de adquirir la ciencia de la santidad directamente de los maestros más eminentes, los llevó de sus celdas en Belén a los desiertos de Egipto.


Fue durante este período de su vida que Casiano recopiló los materiales para sus dos principales obras, “Institutos “y “Conferencias”. Su amigo y el pasaron de Egipto a Constantinopla, donde Casiano se convirtió en discípulo de San Juan Crisóstomo. El famoso obispo de la capital oriental, elevó a Casiano al diaconado. Después de la segunda expulsión de Crisóstomo de su sede constantinopolitana, Casiano fue enviado a Roma por el clero de dicha ciudad para interesar al Papa San Inocencio I a favor de su obispo. Fue probablemente en Roma donde Casiano fue ordenado sacerdote. Desde este momento, de Casiano no se conoce nada de su vida hasta la próxima década. 

Hacia el 415 estaba en Marsella, Francia, donde fundó dos monasterios, uno para hombres y el otro para mujeres. El resto de sus días los pasó en o cerca de Marsella. 

Su influencia personal y sus escritos contribuyeron mucho a la difusión del monacato en occidente. Aunque nunca fue formalmente canonizado, San Gregorio I Magno lo consideraba un santo, y su nombre se halla entre los santos del calendario griego.

UN MAESTRO DE ORACION

De sus años en contacto con la sabiduría de los monjes del desierto, Casiano sacó diversas enseñanzas sobre la oración. Para él, en la oración, es donde mejor se manifiesta la acción de Dios sobre el hombre junto con el esfuerzo del hombre por encontrar a Dios. La oración es tan importante en su opinión, que ninguna virtud se puede alcanzar si no es con la perfección de ella. 

Ahora bien, esta perfección en la oración requiere un camino que todo cristiano debe seguir. Un camino que Casiano nos presenta como cuatro peldaños de una escalera, que, a su vez, son cuatro formas de orar: 

a. La petición de perdón por los pecados cometidos: ésta conviene a los que están iniciando un camino de oración, pues aún se siente a flor de piel el remordimiento por las propias faltas. 

b. La ofrenda de buenas resoluciones a Dios: es cuando ya se ha avanzado en el camino espiritual y se le ofrece a Dios propósitos diarios de enriquecimiento interior, sobre todo buscando imitarlo a Él. 

c. La oración de petición, fruto del celo por la salvación de las almas: cuando uno cumple las promesas que arriba ha propuesto a Dios, el alma se siente atraída, por su propia caridad, a pedir por los demás, de manera que puedan acercarse a Dios. 

d. La acción de gracias por los beneficios presentes, pasados y futuros: una vez que uno ha arrancado de su corazón todo lo que pueda alejarle de los dictámenes de su conciencia, se queda contemplando todas las gracias que Dios le ha dado y se abandona a los impulsos que esta contemplación le otorga, dirigiéndolos a Dios.

P. Juan Antonio Ruiz

Fuente www.la-oracion.com
 
 

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