Los planes de Dios para nuestra vida

Algunas veces el llamado parece no llegar. Pero si confiamos en Dios en lugar de hacerlo en nuestras limitadas fuerzas, es muy probable que encontremos el mejor camino para nosotros.

 
Los planes de Dios para nuestra vida

Hace algo más de 20 años, mientras trabajaba para una empresa, comencé a sentirme incómodo. La ecuación entre el trabajo y mi vida comenzaba a degradarse y –para ser sincero- el salario a fin de mes no colmaba ni mis expectativas personales, ni los gastos mensuales que se me exigían para vivir con cierta dignidad.


Pero el punto más importante era la sensación de amargura con la cual yo ingresaba todos los días por la puerta  gigantesca que la compañía había construido para amedrentar a sus visitantes y también a sus empleados.


Un día, alrededor de las 12 de la mañana, la sensación de ahogo se me hizo insoportable.


Tomé mi saco desde el respaldar de un sillón al que le faltaba una rueda, y entonces hacía apoyar sobre un pequeño taco de madera, y –olvidándome del ascensor- bajé a saltos, a grandes saltos las escaleras hacia la salida.


A pocas cuadras de mi trabajo había una pequeña capilla.


Los pasos se dirigieron solos hacia allí, y no hubo debate interno en mi corazón. Simplemente entré, me arrodillé frente al sagrario, cerré fuertemente los ojos y comencé a rezar. Le pedí a Jesús que me ayudara a salir de aquel lugar. Le dije que no daba más. Recuerdo ese momento con muchísima fidelidad.


Poco a poco la respiración se fue haciendo más serena y –también de a poco- fui abriendo los ojos.


Ahí estaba. En el banco de adelante, doblado prolijamente había un papelito. Tuve solo que estirar mi mano para alcanzarlo y lo abrí por simple curiosidad.


Alguien había escrito con birome sobre el margen de una página de un librito de oraciones. Luego la había arrancado y la había puesto allí, para que otra persona se tropezase con ella.


“Dios tiene sus planes y es eso lo que importa”, se leía claramente en tinta azul, con letra prolija y pequeña.


En poco tiempo pude conseguir un nuevo empleo y todo fue mejorando. Pero nunca olvidé aquella frase que encontré en un banco de iglesia. Y cada vez que se presenta una dificultad, de cualquier tipo, trato de repetirla como forma de poner en manos de Dios, las situaciones que escapan a nuestras posibilidades.


Ayer tuve uno de aquellos días donde uno sabe que está perdido. Que si no ocurre algo especial, que si Dios no interviene, el resultado solo puede ser malo. Estuve amargado esperando un llamado telefónico que destrabara un problema de trabajo pero -sin embargo- sólo a la noche, y mientras volvía a mi casa en auto me acordé de aquel amigo o amiga que me había dejado un mensaje en un papel doblado: “Dios tiene sus planes, y es eso lo que importa”, me dije mientras las luces del auto alumbraban la ruta a casa.


Habían pasado las 9 de la noche y de pronto sonó mi teléfono celular. Del otro lado se me dijo que había una forma de resolver el problema que estaba a mi alcance. Cuando corté, me acordé rápidamente de la frase en el papel y sonreí, agradeciendo a Dios –otra vez- su oportuna intervención.


Algunas veces el llamado no llega. Y lo que parece romperse, termina rompiéndose. Pero, aunque a veces confiamos sólo en nuestras estúpidas fuerzas creyendo que solo podemos, es bueno dejar que Dios decida qué es lo mejor para nosotros. Cuáles son sus planes para nuestra vida. Porque, al final de cuenta, sólo eso importa.


O.M. © Yo Creo




 
 

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