Martes 2 de agosto

El santo de hoy: San Eusebio de Vercelli

 
Martes 2 de agosto

Mateo 15, 1-2. 10-14 


Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?".


Jesús llamó a la multitud y le dijo: "Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella".

Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?".

El les respondió: "Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.

Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo".


La soberbia enceguece por partida doble, pues peor que la ceguera es la presunción de ver cuando no es así. La humildad es aceptar lo que realmente somos, y eso se logra solamente frente a Dios.


Ilumínanos Señor, para descubrir quienes somos realmente.


SAN EUSEBIO DE VERSELLI:


Nació en Cerdeña a finales del siglo III. Murió probablemente en Vercelli (Italia), en el año 371. En el Martirologio romano figura como mártir, pero son varios los historiadores que lo niegan. 


Eusebio de Vercelli fue una de las más brillantes figuras del orden episcopal y ha pasado a la historia como uno de los más celosos y fuertes defensores de la fe católica contra la violencia impetuosa de la primera gran herejía que conoció la Iglesia: el arrianismo, que negaba la divinidad de Jesucristo. 

Clérigo dotado de vivo ingenio y noble corazón, residía en Roma cuando fue elegido obispo de Vercelli; vivía comunitariamente con su clero, llevando una vida parecida a la de los monjes del desierto. 

Su casa era como un pequeño seminario, de donde salieron ilustres sacerdotes y obispos. 

El arrianismo había penetrado hasta Occidente. Eusebio, no satisfecho con mantener a sus ovejas en la firmeza de la fe católica, no cesaba de declararse contra el error. 

El Papa Liberio le encomendó que gestionase el llamado a un concilio para pacificar la Iglesia, lo que Eusebio logró en el 355, pero los arrianos lograron imponer su posición e hicieron que el Emperador Constancio desterrara al obispo de Vercelli y otros pastores fieles a la fe trinitaria. 

Grandes fueron las penalidades vividas por Eusebio a través de su largo destierro. 

Muerto Constancio, el nuevo emperador Juliano el Apóstata concedió a los obispos el derecho de regresar del destierro y a sus respectivas sedes. 

Entonces es cuando empieza para Eusebio una nueva etapa. Comisionado por el Papa, visita las iglesias de Oriente en las cuales la herejía había hecho grandes estragos. En todas ellas el sabio Obispo deja las huellas de su celo apostólico; prepara y ordena sacerdotes y obispos capaces de defender la ortodoxia y atacar el error. 

Concluida su misión, retornó a su diócesis, donde probablemente falleció.

 
 
 

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