Martes 27 de Septiembre

El santo de hoy: San Vicente de Paul

 
Martes 27 de Septiembre

Lucas 9, 51-56


Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.

Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.

Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".

Pero él se dio vuelta y los reprendió.

Y se fueron a otro pueblo.


A pesar de ser rechazado, Jesús no duda en continuar su camino hacia Jerusalén, donde entregará su vida. ¿Cuántas veces el Señor pasa y no lo recibimos? Él no nos paga con la misma moneda, siempre está llegando trayendo la Salvación. 


 


SAN VICENTE DE PAUL:


Nació en Pouy, Francia, en 1580. Era el tercero de seis hermanos. La modesta condición de la familia hizo que muy pronto Vicente tuviera que contribuir con su trabajo de pastor a la economía familiar. Pronto también dio muestras de una inteligencia despierta, lo que llevó a su padre a pensar que podía hacer la carrera eclesiástica. Cursó estudios primarios y secundarios en Dax, posteriormente filosofía y teología en Toulouse y también en Zaragoza. Se ordenó sacerdote muy joven, a los veinte años, con la intención de ser párroco de inmediato y así poder ayudar a su familia.

Una serie de peripecias no muy bien conocidas dio con él a los treinta años en París, donde encontró inicialmente algunas pequeñas ocupaciones sacerdotales, hasta que por recomendación de un prestigioso amigo sacerdote, Pedro de Berulle, entró en 1613 en la importante casa de los señores de Gondi como preceptor de los niños.

Los viajes por las tierras de los Gondi llevaron a Vicente a un conocimiento de primera mano de las lastimosas condiciones de vida materiales y espirituales de la población campesina, y también del clero parroquial que les atendía con serias deficiencias. Esta experiencia y su propia evolución espiritual le llevaron a la decisión irrevocable de dedicar su vida sacerdotal a la evangelización y redención de la población campesina y a la formación de sus sacerdotes.

Su visión, limitada en sus comienzos a la población campesina, se fue ensanchando progresivamente hasta incluir a condenados, enfermos, pobres, niños abandonados, soldados heridos, esclavos, ancianos desamparados, mendigos o refugiados de guerra. Movilizó para ello a sacerdotes, a hombres y mujeres de la nobleza, de la burguesía y del pueblo llano, a jóvenes campesinas. Fue ahí donde vio la necesidad de fundar la Comunidad de Padres Vicentinos, dedicada a instruir y ayudar a los más necesitados. La obra apostólica del santo se extendío velozmente fundando no sólo comunidades sino también grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres; sin embargo, para dirigir las misiones el santo vio la necesidad de que sean religiosas quienes lo ayudasen fundando la comunidad de las hermanas vicentinas a cargo de Santa Luisa de Marillac.


A todos intentó contagiar con su propia visión del Evangelio y su experiencia cristiana, basada en las palabras mismas de Jesucristo en el Evangelio de san Lucas: "El Señor me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos".


Murió el 27 de septiembre de 1660, a los 80 años de edad.


 

 
 

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