Martes 9 de Agosto

El santo de hoy: Santa Edith Etein

 
Martes 9 de Agosto

Mateo 18, 1-5. 10. 12-14


En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.


Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.


¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.


Jesús nos revela la preferencia del Padre por los "pequeños". Tal vez nos lleve toda la vida llegar a ser niños a los ojos de Dios. Una tarea humilde y constante que bien vale la pena.


 


SANTA EDITH STEIN:


Nació en Breslau, Alemania, (hoy Polonia) el 12 de octubre de 1891. Fue la última de 11 hermanos de una familia judía devota. Fue una estudiante brillante, quien en un comienzo se incorporó a la Universidad de Breslau en 1911 y luego se trasladó a la Universidad de Göttingen para continuar sus estudios bajo la tutela del famoso fundador de la fenomenología, Edmund Husserl. El filósofo escogió a Edith Stein para ser su asistente de cátedra en la Universidad de Freiburg. 


Luego de que muchos de sus amigos fueran enrolados para servir en la Primera Guerra Mundial, Edith se enroló de voluntaria junto con otras estudiantes para trabajar en hospitales militares. Así, trabajó en hospitales de enfermedades infecciosas y cuidó de muchos heridos y enfermos del ejército austríaco, obtuvo la medalla de valor en reconocimiento a su servicio generoso. 


Tras retornar de la experiencia de la guerra, retomó su vida de estudiante, pero las dudas profundas, el insaciable hambre de verdad volcado a la filosofía y el testimonio de muchos cristianos comenzaron a socavar en ella su, hasta entonces, radical ateísmo. Los diálogos con el filósofo Max Scheller -que paradójicamente se había apartado de la Iglesia-, pero sobre todo la lectura de la vida de Santa Teresa de Jesús, terminaron completando la obra que Dios había iniciado en ella: su conversión al catolicismo. En 1922 recibió el bautismo. 


Por este tiempo, Edith dejó su carrera como estudiante y aceptó el puesto de profesora de Alemán en el Colegio de las Hermanas Dominicas en Speyer. Allí, trabajó por 8 años pues estaba convencida que la educación era un trabajo apostólico. 


A lo largo de este período, Edith continuó sus escritos y traducciones de filosofía. Frecuentemente ofrecía conferencias donde abordaba el papel y significado de la mujer en la vida contemporánea.


En 1932 aceptó la cátedra en la Universidad de Münster, pero un año después le dijeron que debería dejar su puesto por su antecedente judío. Edith se convenció que había llegado el tiempo de entrar al convento. El 14 de octubre de 1933, a la edad de 42 años, ingresó al convento carmelita en Cologne tomando el nombre de Teresa Benedicta. 


En 1938 la situación en Alemania empeoró. El convento de los priores preparó el traslado de Edith al convento de Dutch en Echt en Holanda. Como la incineración y los cuartos de gas aumentaron en el Este, Edith, como miles de judíos en Holanda, empezó a recibir citaciones de la S.S. en Maastricht y del Consejero para los Judíos en Amsterdam. 


En la Comunidad Holandesa de Echt, la protección de Edith Stein contra la nazi fue temporal. Al principio se dejó en paz a los judíos convertidos al cristianismo. Sin embargo, cuando el Obispo de Netherlands redactó una carta pastoral en donde protestaban severamente en contra de la deportación de los judíos, las reglas nazis reaccionaron ordenando la exterminación de los judíos bautizados. 


Por esa razón, el 2 de agosto los oficiales de la S.S. fueron al convento y se la llevaron junto con Rosa, su hermana. Asustada por la multitud y por no poder hacer nada ante la situación, Rosa se empezó a desorientar. Un testigo relató que Edith tomó de la mano a Rosa y le dijo tranquilamente: "Ven Rosa, vamos a ir por nuestra gente". Juntas caminaron hacia la esquina y entraron en el camión de la policía que las esperaba. 


Muchos testigos cuentan del comportamiento de Edith durante esos días de prisión en Amersfoort y Westerbork, su silencio, su calma, su compostura, su autocontrol, su consuelo para otras mujeres, su cuidado para con los más pequeños, lavándolos y cuidándolos hasta que sus vidas fueron arrebatadas.

 
 

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