Martín Descalzo: El poder de una sonrisa

Una anécdota del siglo pasado, una enseñanza siempre vigente. No se trata sólo de dar, sino de amar. Por José L. Martín Descalzo.

 
Martín Descalzo: El poder de una sonrisa

Raúl Follerau solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se encendían con un «gracias» cuando le ofrecían algo.

Entre tantos «cadáveres» ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando Raúl preguntó qué era lo que mantenía a este pobre hombre tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.

Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro amable. Era -le explicaría después el enfermo de lepar- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día -comentaba el hombre- sé que todavía vivo.»

No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos. Por eso tienen razón los psicólogos cuando dicen que los suicidas se matan cuando han llegado al convencimiento pleno de que ya nadie les querrá nunca. Porque ningún problema es verdadero y totalmente grave mientras se tenga a alguien a nuestro lado.

Por eso yo no me cansaré nunca de predicar que la soledad es la mayor de las miserias y que lo que los demás necesitan verdaderamente de nosotros no es siquiera nuestra ayuda, sino nuestro amor. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un viejo no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión de sus rarezas. El ingente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el empleado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo que por el trabajo le pagarán.

Y, asombrosamente, la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más tacañeamos. Es mucho más fácil dar cien pesos a un pobre que dárselos con amor. Y es más sencillo comprarle un regalo al abuelo que ofrecerle media hora de amistad.

Dar sin amor es ofender. Lo decía con palabras tremendas, pero verdaderísimas, San Vicente de Paúl: «Recuerda que te será necesario mucho amor para que los pobres te perdonen el pan que les llevas.» Solemos decir: «¡Son tan desagradecidos!.» Y no nos damos cuenta de que ellos perciben perfectamente cuándo damos sin amor, sólo para quitárnoslos de encima y dejar tranquila nuestra conciencia. Son, por ello, lógicos odiando nuestra limosna, y odiándonos. Les empobrecemos más al ayudarles, porque les demostramos hasta qué punto no existen para nosotros.

¡Todo sería, en cambio, tan distinto si les diéramos cada día una sonrisa  desde la tapia de la vida!


J. L. Martín Descalzo, extraído de "Razones para la alegría".


Fuente Catholic.net

 
 
  • NOMBRE DIVi
    DESCRIPCION Me encanta está refexión a mi me cuesta dar limosna ,lo que se merecen por derecho pero mientras llega la justicia, que hacer con ellos y sus problemas?...
  • NOMBREsusi
    DESCRIPCION Experimenté tal cual lo que describe S Vicente de Paul. Hace dos meses,un día gélido, en la calle yacía un hombre indigente casí contra el zócalo del umbral de una casa. Vi sus piernas sin medias amoratadas por el frío y le compré un par de medias.Mientras hacía mi compra vi como una mujer le acercaba pan y acto seguido él se lo arrojaba a las palomas.Temí entonces acercarme a él . SIn embargo,infinita sorpresa tuve al conocerlo,saber su nombre,que era un profesor universitario,que había vivido en distintas partes del mundo,partes que yo añoro conocer.Charló y me dedicó dos poesías y al despedirnos tomé fuertemente su mano derrotada por el dolor,la indiferencia,la inhumanidad,tantas cosas... . Me deseó eternas bendiciones y yo rogué a DIos por él con todas mis fuerzas. Fueron segundos de gloria en el SEñor en ese apretón de manos. Algo indescriptible ocurrió...Dios sabe. Y yo no lo puedo explicar.Hubo un intercambio ,un fluir del Espíritu santo,una unión, una Comunión.
  • NOMBRECristina del Milagro
    DESCRIPCION: Coincido plena y absolutamente con esta reflexión. Soy Amiga de la sonrisa y creo de corazón que no sólo es fácil darla sino que ayuda de verdad !!!! y como dice la nota es Gratis!!! Es el remedio que borra la pena, la soledad, el dolor, la tristeza y la melancolía de lo que pudo ser y no es. Y si sólo los seres humanos tenemos el PODER de Soneír..... casi diría que es porque Dios nos pide que lo hagamos en serio. Es tan infinitamente Bueno que a nada nos obliga.... pero no está acaso en nosotros agradecer tanta bendición con una sonrisa franca y sincera? Y si veo a Jesús en cada uno de mis hermanos..... por quéme costaría regalarle una sonrisa y un por favor o un gracias? Hay tanta belleza alrededor que alaba a Dios, que con una sonrisa nuestra, estaríamos completando la maravilla de la creación !!! A SONREÍR !!!! Hay más belleza en el rostro del que sonríe y es la belleza del alma que se refleja mejor!!!

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación