Miércoles 17 de Agosto

El santo de hoy: Santa Beatriz de Silva

 
Miércoles 17 de Agosto

Mateo 19,30 - 20, 16


Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.


 


Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.

Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.

Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.

Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.

El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.

¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos".

En nuestra relación con Dios, todo lo que recibimos de Él es un regalo, es "gracia". La vida misma, la Fe, cada detalle aparentemente insignificante, todo es don del Padre que nos ama.

Probablemente uno de los peores errores en los que podemos incurrir es plantear nuestra relaciòn con Él desde el ángulo de los merecimientos. Dios no nos debe nada, nada tenemos para darle que Él necesite. Simplemente nos ama, y al amor se responde con amor, no haciendo cuentas...


 

 


SANTA BEATRIZ DE SILVA:


Nació en Campo Maior, Portugal, en 1437. Residió en Ceuta, ciudad perteneciente al Reino de Portugal en el S. XV y en la que su abuelo fue primer capitán.

Pertenecía a una familia ilustre, entroncada con las familias reales de Portugal y Castilla. Tuvo 11 hermanos.

Beatriz llegó a Castilla en 1447 acompañando como doncella a Isabel, prima hermana del rey, que venía desde Portugal para contraer matrimonio con el rey de Castilla, Juan II.

La Corte era un nido de intrigas políticas entre los defensores del rey Juan II y los que deseaban la abdicación en favor de su hijo Enrique. En este ambiente, no era difícil que crecieran también desmesuradamente las envidias y celos. Beatriz, incómoda con esa situación y luego de tener una visión de la Virgen María, decidió consagrarse por completo a Dios ofreciendo su virginidad.

Una vez que meditó sobre su encuentro con la Virgen y decidida a cambiar de vida, Beatriz abandonó el palacio para dirigirse hacia Toledo. Allí ingresó en el monasterio de Santo Domingo el Antiguo, de monjas cistercienses, donde vivió en comunidad. Alternaba la vida contemplativa y la vida activa orando mucho y pasando noches enteras en vela junto al sagrario. 

Durante los más de 30 años que vivió en Santo Domingo, conoció a quien sería Isabel "la Católica", futura reina de España. Ésta mostraba un gran cariño por Beatriz no sólo por su parentesco con ella, sino por su santidad y la visitaba siempre que acudía a Toledo. La reina decidió apoyar la iniciativa que Dios había puesto en el corazón de Beatriz y juntas resuelven que ya era hora de salir del monasterio para fundar una nueva Orden religiosa: la de la Inmaculada Concepión de María, advocación de la que Beatriz era fervorosa devota.

A partir de este momento la orden empieza a extenderse. En apenas 25 años se fundaron 25 conventos en Europa y América. Beatriz dedicó el resto de sus años a fortalecer las comunidades y propagar la devoción de la Inmaculada. Falleció en 1492.
 
 

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