Nuestras propias persecuciones

Reflexión del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Nuestras propias persecuciones

Jesús camino a Jerusalén junto a sus discípulos les anticipa su muerte, aquello que el hijo del hombre debe padecer para el perdón de todos los pecados. Es significativo este pasaje, pues nos muestra a un Jesús Maestro que no cesa de instruir a sus seguidores mas cercanos, por el contrario les anticipa lo que va a suceder, al mismo tiempo que los reprende, sabe lo que pasa por la mente y por el corazón de cada uno de ellos. Por esto los interpela: “¿De qué hablaban por el camino?”


Es común en nuestras comunidades percibir este tipo de rivalidades, incluso en oportunidades quedamos en el medio, o bien formamos parte decididamente, entre quienes desean obtener mayor protagonismo, ocupar un destacado lugar en el cartel. Esto ocurría en tiempos de Jesús con sus discípulos, este tipo de actitudes no permiten que el Reino de Dios se fortalezca, pues la tierra en la que cae su semilla no es del todo fértil, el corazón está algo ensimismado, cerrado.


Jesús camina hacia su Pascua junto a sus discípulos y los exhorta a imitar sus buenas acciones, a hacerse como niños, es decir, pequeños. A hacer del valor de la humildad una actitud de vida, el propio criterio de autoridad. Lo vemos también en la primera lectura del libro de la Sabiduría, donde el justo es reconocido no tanto por sus palabras cuanto por su estilo de vida, y el apóstol san Pablo denuncia todo tipo de males que pueden acecharlo. No se trata tan solo de una “persecución” exterior de parte de quienes no comparten ese estilo justo de vida, sino también de nuestras “persecuciones” interiores, aquellas sombras que tenemos en nuestro corazón y son un obstáculo para seguir a Jesús, siendo a la vez testimonio suyo.


Nuestras ambiciones, nuestra dureza de corazón, nuestro propio egoísmo nos cierra a la liberación que Cristo quiere hacer en nosotros, y así purificar a la comunidad. El mundo actual necesita de nuestro valiente testimonio, debemos ser reconocidos por las buenas obras, pero ante todo por nuestro estilo sensato y sencillo de vida, liberándonos de todas nuestras persecuciones, de todo aquello que no nos permite ser libres, de esta forma vivían los primeros cristianos. Así el Reino podrá inmiscuirse entre las personas y transformar el mundo, lentamente pero con efectividad.-


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 
 

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