Perdidos en Irlanda

Extraviarse durante un viaje es una experiencia bastante común, por suerte, suelen aparecer aquellos que nos orientan.

 
Perdidos en Irlanda

En un breve artículo publicado en Xtremojoven, un sitio cristiano dirigido a los jóvenes, Josep Jordá narra su viaje a Irlanda para pasar sus vacaciones con su familia. Allí relata la impresión que causa en un turista el encontrarse en otras tierras, con un lenguaje diferente al propio, otras costumbres, detalles que hacen a la fisonomía de una sociedad diferente a la de uno.


En este contexto, el joven cronista detalla que en una de las recorridas que realizaron les ocurrió algo bastante común: se perdieron. No fue una experiencia traumática ya que dos personas del lugar se ofrecieron muy gentilmente a orientarlos. Pronto la familia de turistas reencontró su camino. A Josep lo que le impresionó fue la actitud servicial de estos dos hombres, algo que a su juicio, habla bien de los Irlandeses y es un ejemplo a imitar.


Me gustó el artículo, pero además, me dejó pensando en el paralelismo que hay entre un turista y una parsona que emprende su camino hacia Dios.


Acercarse al Evangelio, conocer a Cristo, nos hace mirar la realidad con ojos nuevos. Todo eso a lo que estaamos acostumbrados, lo que esparte de nuestra vida, puede ser visto y juzgado desde una perspectiva nueva. Descubrir la presencia de Dios en todo nos empuja a la admiración, a la curiosidad por los demás y también -como negarlo- al rechazo de lo que es contrario al bien y la verdad.


En este mundo conocido y a la vez nuevo, caminamos hacia la plenitud del Reino -ya presente aquí pero que se manifestará plenamente en Dios-, lo hacemos siguiendo la Palabra que se hizo hombre para redimirnos. ¡Pero con qué facilidad nos perdemos! ¿Quién no ha experimentado momentos de desconcierto? Tal vez el camino está ante nuestros ojos y no lo vemos. 


Es entonces cuando alguien, quizás alguien cercano o un perfecto desconocido, se cruza en nuestro camino y nos dice una palabra, realiza un gesto, que no ilumina y nos devuelve a la senda perdida. Para esa persona el hecho no tiene mayor relevancia -probablemente no invirtió más que unos minutos de su tiempo-, para nosotros fue un instante esclarecedor que posiblemente recordemos por muchos años.


Es probable que no volvamos a cruzarnos con este "ángel guardián" o tal vez sí. Si le decimos "recuerdas aquella vez que me dijiste tal cosa, no sabés el bien que me hiciste, cuanto me ayudaste", quizás responda "sinceramente no lo recuerdo, lo que te dije es lo que me salió en el momento, nunca imaginé que podía hacerte un gran favor, me alegro de que así haya sido".


¡Qué maravilla la forma en que Dios viene en nuestro auxilio! Cuanto misterio se esconde en estos "¿encuentros casuales?" que marcan la vida. Y qué hermoso es descubrir que también nosotros hemos ayudado a otros, muchas veces sin saberlo, que hemos sido instrumentos en manos del Señor.


A no desesperar si nos sentimos perdidos; oremos confiados, tengamos los sentidos y el corazón despiertos. En cualquier momento, Dios pondrá un irlandés gentil en el camino.


M.N.© Yo Creo



 


 


 

 
 

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