Podemos cambiar, ¿hacia dónde?

Decidirse a cambiar, elegir bien, perseverar en la senda elegida... Todo es posible de la mano del Señor.

 
Podemos cambiar, ¿hacia dónde?

La libertad abre espacios hacia el futuro. Desde ella podemos cambiar el orden en el escritorio y el color de las cortinas, el tipo de pasta de dientes y la música que nos acompañará durante el día.

Cada ser humano está abierto a un número casi infinito de horizontes. A veces, siente angustia al ver ante sí tantas posibilidades. Tiene miedo a escoger mal, a equivocarse (de nuevo), a dañar a otros; también a ser herido por las elecciones de las personas cercanas o de los más lejanos.

El mundo aparece, así, sumamente indeterminado. Uno escoge vivir al día y luego llora por su falta de previsión. Otro compra un departamento que piensa pagar con un préstamo y en dos años anda ahogado porque no puede afrontar las deudas. 

También hay opciones que rompen con males del pasado y que inician caminos de esperanza. Una joven deja la cocaína y empieza a poner en orden su vida. Un esposo deja de coquetear con otras mujeres y se decide a reconquistar el corazón de su esposa. 

La libertad permite horizontes inmensos para el cambio. Surge entonces la pregunta clave: ¿hacia dónde cambiar? La mente y el corazón trabajan juntos a la hora de buscar respuestas, aunque no siempre se ponen de acuerdo.


Un cambio será bueno si nos lleva a romper con el egoísmo, con cualquier forma de pecado y esclavitud. Un cambio será nefasto si nos aparta del buen camino y nos hace menos libres, menos generosos, menos felices.

El cambio bueno nos hace acoger la invitación que nos llega de esa gran noticia que es la Pascua: “Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló por boca de sus santos profetas” (Hch 3,19-21).


Quien desee cambiar, quien necesite dar un giro a su vida, no lo dude, pída al Señor que envía su Santo Espíritu para que lo o la ilumine para elegir bien y fortalexca para tener el valor de seguir el camino correcto.

Todos podemos cambiar para mejor. A partir del auxilio de Dios que siempre nos tiende su mano para rescatarnos y de la ayuda de tantos corazones buenos, podemos abrir los ojos del corazón para mirar la meta definitiva, la Patria verdadera. Hacia ella orientemos nuestras decisiones y actos concretos. Dejaremos de pisar terrenos movedizos y engañosos para avanzar, seguros, por el camino que lleva a la Vida.

P. Fernando Pascual

Fuente Catholic.net (Adaptación)

 
 

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