Prepárate para la Fiesta

Participar de la celebración de la Misa puede resultarnos un poco aburrido. La importancia de disponerse a vivir el mayor encuentro con Dios de la semana.

 
Prepárate para la Fiesta
¡Cómo nos llama a los varones el tiempo que algunas mujeres dedican a prepararse para ir a una fiesta o a una boda! Bien, por más impresionante que sea esa ceremonia, podemos aprender mucho de ellas para asistir a la fiesta más importante: la Santa Misa. 

Si una mujer no se arregla para una fiesta estará nerviosa y no lo pasará bien, lo mismo pasa con la Celebración Eucarística: si no nos preparamos espiritualmente ¿cómo la vamos a aprovechar?

¿Cómo debe ser nuestra preparación? Podemos ver algunos puntos prácticos que ayuden a disfrutar de nuestro compromiso dominical.

Lo primero, aunque parezca obvio, es asistir a Misa. Está claro que nadie valora una fiesta si no participa en ella. 

Lo segundo es la preparación personal que hagamos algunos minutos antes de entrar al templo. Uno sabe a lo que va, pero el ser humano es como un ventilador, cuando apagamos uno de esos aparatos, ellos dejan de girar poco a poco. Lo mismo nosotros. Si estamos pendientes de mil y un asuntos justo antes de ir a Misa y entramos cuando el sacerdote esté besando el altar, seguramente estaremos desconcentrados los 10 primeros minutos: “¿cerré bien mi casa?, ¿cómo resolveré este problema?, ¿hice bien en tomar esa decisión?, ¿está mi amigo en la Iglesia?” Por el contrario, si tomamos el hábito de llegar 5 minutos antes, dejaremos tiempo para la oración y ese ventilador se irá consumiendo poco a poco, ayudándonos a dejar de lado todas nuestras preocupaciones y entrar de lleno desde el primer segundo el la celebración de la Eucaristía.

Un tercer punto práctico es poner atención y centrarnos en lo que estamos haciendo. Si meditamos en lo que va diciendo el sacerdote, nuestras respuestas serán de corazón, pues sabremos qué es lo que estamos recitando. Meditar en el acto de pedir perdón al inicio de la Misa, luego en el Gloria, en las Lecturas, ver qué nos quiere decir el sacerdote durante la homilía, meditar en el Credo, en el Ofertorio y en la Consagración (lo más importante)… y así con cada parte de la Celebración Eucarística. 

Un último consejo es estudiar. Hay muchos libros que nos hablan sobre la Misa y nos ayudan a entender sus partes. Así estaremos más atentos y entenderemos mejor qué es lo que va pasando. 

Si seguimos estos consejos, sentiremos necesidad de dar gracias a Dios por habernos invitado a la fiesta más grande de la semana.

Lamentablemente la fiesta es corta, ocupa sólo el 0.59% del tiempo de la semana. Pero si nos damos cuenta del gran misterio que pasa en ese momento (Dios mismo baja a la tierra para que lo podamos recibir), aprovecharemos cada Misa como si fuera la única que tengamos en nuestra vida.  

Sebastián Rodriguez

Fuente Catholic.net (Adaptación)
 
 

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