Revisar nuestras motivaciones

Cuál es la clave para transitar la noche, en que las seguridades se desvanecen y el mismo vivir se presenta como una tragedia sin sentido.

 
Revisar nuestras motivaciones

“La vida es un camino”. Seguramente en alguna oportunidad hemos escuchado esta idea. Es probable que la mayoría de nosotros haya experimentado esto, al menos al ver el paso del tiempo en nosotros o en lo que nos rodea. Incluso algunas veces el tiempo se nos puede transformar en una obsesión. Vivir pendientes del futuro puede hacernos olvidar el presente. Y así, nos puede dar la sensación de que el tiempo se nos escapa y nuestra vida se va con él. Justamente, sabemos que, si hay algo que no podemos controlar en nuestra vida, eso es el paso del tiempo. Es difícil definir lo que es el tiempo, pero sabemos que está ahí. O mejor dicho, sabemos que nosotros estamos en él. Esto nos da la conciencia de que estamos recorriendo  un camino.


Todo camino se convierte en tal porque, además de ser recorrido, tiene un punto de llegada, una meta. Por esto mismo, en la vida encontramos infinidad de caminos para seguir. Todo depende de aquello que cargue de sentido nuestro camino: “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón” (Mc 6, 21). Eso determinará por dónde vamos a ir y con qué actitud vamos a recorrer nuestra senda. Cada persona tiene sus búsquedas y sus procesos. Aún así, a la hora de responder a la pregunta por el mayor y último objetivo de la vida, la respuesta es unívoca: todos queremos alcanzar la felicidad. Todos queremos ser felices.


La experiencia también nos muestra otra verdad: nuestra vida no es algo lineal y monótono. Tiene matices, tiene luces y sombras, dolores alegrías, errores y aciertos, subidas y bajadas. Muchas veces vivimos en actitudes que nos impiden encontrar cuáles son nuestras motivaciones y nos llevan a caer en algunas tentaciones que nos hacen olvidar el eje y el objetivo. Frecuentemente nos podemos encontrar con el peligro de recorrer este camino siguiendo la inercia de los demás, yendo a la deriva. Es un abandonarse, pero no con el abandono de la confianza, sino con el de la dejadez. Esta inercia supone haber perdido el deseo, haber perdido el rumbo. La inercia es creer que nada puede cambiar, que vamos a vivir arrastrando los defectos de siempre, que siempre vamos a ser así. Nos volvemos autosuficientes.


Podríamos preguntarnos qué tiene de malo la autosuficiencia. En realidad, ella parecería ser un objetivo interesante a alcanzar en nuestro caminar: no depender de nada ni de nadie. Lamentablemente, eso es una gran ilusión. Caemos en la idea de que solo nosotros construimos nuestro futuro, de que somos dueños de nuestro tiempo. Pero está garantizado que a lo largo de nuestro camino hay un momento en que, sin saber cómo ni por qué, se experimenta un vacío radical. Las situaciones límites nos suelen poner en crisis, y un torbellino de sinsentidos deja las certezas donde nos apoyamos en la nada misma. Es el tiempo de la noche, el momento de las tinieblas, en que las seguridades se desvanecen y el mismo vivir se presenta como una tragedia sin sentido. Angustias, inquietudes y desánimos. Dios mismo parece haberse quedado mudo, como incapaz de hacerse solidario. 


¿Dios tiene algo que ver en nuestra felicidad? Sabemos por la fe que Dios nos piensa y nos creó para ser felices. Él es quien pone en nuestro corazón el deseo de felicidad. Solo en Él podemos encontrar la plenitud. Pero esa plenitud es muy particular: cada persona es feliz a su manera, y siguiendo su camino, ese camino que Dios le muestra a cada uno. Dicho de otra manera: vamos a ser felices en la medida en que tratemos de transitar el camino de nuestra vocación particular. Y ese camino no lo podemos recorrer solos: necesitamos de los demás. Sin embargo, el orgullo nos conduce al extremo opuesto del camino. En lugar de llevar a la comunión con Dios, con todos y con todo, nos conduce a un total encerramiento e indiferencia. Esta es la terrible soledad del orgulloso: se destruye toda alteridad y solo se piensa en uno mismo. No existen ni Dios ni los hermanos.


Nuestro desafío consiste entonces en atrevernos a buscar y a encontrar un sentido a nuestra vida. ¿Cómo podemos hacer esto? Escuchando la voz de Dios, que nos habla en lo sencillo del día a día. No olvidemos que Dios, que nos pensó para ser felices, siempre respeta nuestros tiempos y nuestros procesos. Dios nos propone y nos regala la posibilidad de recorrer un camino en Él. Este es el camino para revisar nuestras motivaciones: saber que Dios pasa. ¡Nunca es tarde para convertirnos! Si sentimos la necesidad de cambiar de vida, de encontrarle un sentido; es el Señor que nos llama, no lo dejemos pasar de largo. El secreto está en pedir la capacidad de poder escucharlo y responder a su llamado.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Matías Burgui / @matias89_mb)


 
 
  • María del Luján Gual
    DESCRIPCION: muy cierto todo lo que escribiste. Lo que pasa que en la realidad a veces los mismos problemas no nos deja ver que podemos recurrir y pedir ayuda a los demás debido a la indiferencia de muchas otras personas que les parece que solo ellos tienen o pasan por situaciones difíciles. Saludos
  • NOMBRE Teresa María Landriel
    DESCRIPCION Muy buena reflexión Matías !! Cada párrafo me tocaba el Alma !!! creo que quizás sea porque no estoy en un buen momento. Verdad "La vida es un camino".. hoy para mi transitarlo es oscuro y el tiempo pasa....y aún no sé que espero...!! Sé que esto pasará porque Dios nunca nos abandona !!! Y ahora tengo aún más la certeza de que ÉL está presente porque te hizo puente para que me hagas compartir esta reflexión muy bien descripta, profunda y plena !!! Te felicito y muchas gracias Matías !!! Te mando un abrazo
  • Luli
    Que lindas palabras Mati! Me encanta pensar que cada persona que lee lo que escribiste se puede sentir identificada desde su lugar, desde el momento en su camino que está transitando; ya sea que recién lo empieza, que está más avanzado, que está en un momento de alegría o tristeza. Me llegó mucho especialmente la idea de transitar nuestro camino con Dios y con nuestros hermanos. Dios nos pone personas en nuestro camino que nos ayudan a transitarlo y tenemos que dejarnos ayudar :) Gracias!

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