Rezar con los chicos

Una hermosa tradición familiar es enseñarles a rezar a los chicos, compartiendo con ellos el encuentro con Dios.

 
Rezar con los chicos

"Lo que se aprende de chico queda para toda la vida". No por repetida la frase pierde vigencia. Y es que lo que incorporamos en esos primeros años, bueno o no tanto, se nos graba para siempre. Más o menos conscientes de esta realidad, los padres no dudan en transmitir lo que juzgan bueno para sus hijos. Así les enseñan a hablar en su idioma, a incorporar hábitos de higiene, a decir "gracias" y muchas otras cosas.


Sin embargo, últimamente, a  causa de cierto descuido de lo religioso o por la creencia (bastante difundida) de que "el chico tiene que elegir cuando sea grande", se ha abandonado una de las más lindas costumbres que se viven en las familias: rezar con los chicos, enseñarles a orar.



Es que si consideramos que cuidar de la salud de los chicos es importante ¿no lo es también el transmitirles la fe y acompañarlos en su crecimiento? Por ello es importante tomarnos unos minutos y pensar en este tema...



Orar es charlar con Dios, hablarle con cofianza de hijos, abriendo el corazón para recibir su Palabra. Es un diálogo de amor. Pero así como el diálogo humano exige aprendizaje (respeto por el otro, crear cierto clima para comunicarnos), orar requiere de cierta actitud: hacernos un momento de silencio entre tanto ruido, una consciente apertura a la presencia de Dios. Y eso se aprende. Por supuesto que, como casi todo, es más sencillo cuando lo aprendemos de niños. 



Entonces, es muy importante rezar con los chicos, enseñarles quién es papá Dios y cómo le gusta que charlemos con Él. Como en tantas otras cosas, la mejor enseñanza es con el ejemplo, si queremos que los niños aprendan a orar debemos rezar con ellos. El hábito de orar juntos nos hace bien a chicos y a grandes.



¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? A no desesperar, seguramente "no tenemos tiempo" pero, sinceramente, siempre hay unos minutos para lo que realmente nos interesa. Orar con los chicos requiere un ratito con ellos, en la mesa o en la habitación. Probablemente el mejor momento sea a la noche, cuando -si es posible- la familia puede reunirse distendida. Damos gracias por el día vivido y por las cosas que nos pasaron; pedimos por nuestras intenciones y por los demás (qué importante es que los chicos aprendan a no pensar sólo en ellos); alabamos a papá Dios porque nos cuida, nos regala la vida y todo lo que tenemos. Y en este clima de diálogo confiado y amoroso, recitar una plegaria juntos puede ser el mejor final.



Hay muchas oraciones para niños, las hay para los bien chiquitos y para los más grandes. Hay plegarias dirigidas a Dios Padre, a Jesús, Al Espíritu Santo, a la Virgen María; hay oraciones para distintos momentos del día o en diversas circunstancias. Y si no nos convence ninguna o simplemente porque así lo preferimos, podemos orar espontáneamente.



Aquí compartimos algunas de las oraciones más populares para rezar con los chicos:



 


"Angel de mi guarda,


dulce compañía,



no me desampares


ni de noche ni de día


 


Las horas que pasan,


las horas del día,


si tú estás conmigo


serán de alegría


 


No me dejes solo,


sé en todo mi guía;


sin Ti soy chiquito


y me perdería


 


Ven siempre a mi lado,


tu mano en la mía.


¡Ángel de la guarda,


dulce compañía!"


    *  *  *  *  *  *


Jesusito de mi vida,


tu eres niño como yo,


por eso te quiero tanto,


y te doy mi corazón.


Tómalo, tuyo es, mio no.


   *  *  *  *  *  *


Señor Jesús,


cuando el día ya termina,


y llega la noche,


te doy gracias por las alegrías


que he tenido hoy;


y te pido perdón por las veces


que he hecho sufrir a los demás.


Señor Jesucristo,


guárdame durante esta noche,


guarda a mis padres y hermanos,


guarda a mis familiares y amigos.


   *  *  *  *  *  *


¡No privemos a los chicos del gusto por la oración y, de paso, recuperemos para nosotros la riqueza de orar en familia!


(Fuente: Yo Creo)



 


 
 

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