Rezar cuando no tengo tiempo para nada (III)

Ultimo artículo sobre la articulación de tiempo y oración.

 
Rezar cuando no tengo tiempo para nada (III)

Si te preguntas con seriedad ¿Quién es Dios para mí? tal vez te encuentres con que, en la práctica, para ti Dios es una idea, un tema discutido, una energía o la proyección de los ideales de lahumanidad. En todo caso no una persona, y por ende, no es tratable.

Para quien se encuentre en esta situación, tal vez Dios esté en el horizonte de su vida, pero sólo en el horizonte. A veces habla sobre Él, expresa su opinión sobre temas religiosos, pero no lo conoce a Jesucristo personalmente. Quizas no sepa cómo hacerlo o no le encuentra sentido. O tal vez sí lo ha conocido en otro tiempo y lo ha tratado, pero otros intereses han ido llenando su vida. A veces se acuerda de Él, pero no le dedica tiempo...

En este contexto podríamos retomar las otras dos categorías que nos faltaban en esta serie de artículos:

QUIENES DISPONEN HOLGADAMENTE DE TIEMPO, DEDICAN MUCHAS HORAS AL OCIO O LES FALTA EQUILIBRIO


Pienso, por ejemplo, en personas jubiladas, en padres cuyos hijos ya crecieron, en quienes por cualquier circunstancia tienen mucho tiempo libre y lo han ido llenado de una manera que no es necesariamente la mejor.

A estas personas les digo lo mismo que mencioné en el artículo Rezar cuando no tengo tiempo para nada (II) dirigiéndome a la gente de la categoría anterior.


Pero a éstos, demás les sugeriero que dediquen tiempo -ya que lo pueden administrar sin mayores problemas- para formarse mejor y hacer algo por los demás a través del apostolado y obras de caridad cristiana.

QUIENES ESTANDO EN CUALQUIERA DE LAS CATEGORÍAS ANTERIORES, NO LES INTERESA MEJORAR

Estamos ante el último grupo de personas. Son gente ocupadísima, medio ocupadas o desocupadas,  que tienen en común no se plantearse en serio la pregunta religiosa.

Pido a Dios suceda con ellos lo mismo que al ciego de Jericó:

“Cuando Jesús se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron: “Pasa Jesús Nazareno”. Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!".

Jesús ha pasado, pasa y seguramente pasará de nuevo. Él está esperando. Pido a Dios que los alcance con su gracia, que tarde o temprano su presencia les llame la atención y se atrevan a decir: “Jesús, ten compasión de mí”.

Lo maravilloso es que aunque nosotros no nos acordemos de Dios, Él se acuerda siempre de nosotros. Dios ya extrañaba a Adán cuando éste pecó y prefirió esconderse. El Señor salió a buscarlo: " Adán, ¿dónde estás?"

Tal vez esta pregunta sea hoy para ti: ¿dónde estás? Te extraño, quisiera tenerte cerca.

El Papa nos decía hace unos días: "Todos decimos que “nos falta tiempo”, porque el ritmo de la vida diaria se ha vuelto frenético para todos. También a este respecto, la Iglesia tiene una “buena nueva” que anunciar: Dios nos da su tiempo. Nosotros tenemos siempre poco tiempo; especialmente para el Señor; no sabemos, o a veces no queremos, encontrarlo. Pues bien, Dios tiene tiempo para nosotros. Esto es lo primero que el inicio de un año litúrgico nos hace redescubrir con una admiración siempre nueva. Sí, Dios nos da su tiempo, pues ha entrado en la historia con su palabra y con sus obras de salvación, para abrirla a lo eterno, para convertirla en historia de alianza. Desde esta perspectiva, el tiempo ya es en sí mismo un signo fundamental del amor de Dios: un don que el hombre puede valorar, como cualquier otra cosa, o por el contrario desaprovechar; captar su significado o descuidarlo con necia superficialidad."


P. Evaristo Sada


Fuente www.la-oracion.com (Adaptación)

 
 

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