Sábado 10 de Septiembre

El santo de hoy: San Nicolás de Tolentino

 
Sábado 10 de Septiembre

Lucas 6, 43-49


"No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.


El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.


¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.

Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande".


No hay misterios... a la corta o a la larga nuestras acciones terminan por demostrar què somos realmente. Podemos maquillarnos, guardar apariencias, ser grandes oradores, pero si no nos cimentamos en la Palabra y la hacemos vida, seremos estériles.


Apoyados e la Roca, estemos seguros que a pesar de las tormentas, nuestra vida dará fruto.


 


SAN NICOLÁS DE TOLENTINO:


Sus padres, después de muchos años de matrimonio no tenían hijos, y para conseguir del cielo la gracia de que les llegara, hicieron una peregrinación al santuario de San Nicolás de Bari. Al año siguiente nació este niño y en homenaje al santo le pusieron por nombre Nicolás. 


Desde pequeño le gustaba alejarse para orar. Ya joven, pidió ser admitido como religioso agustino. Fue ordenado sacerdote en el año 1270, se hizo famoso porque colocó sus manos sobre la cabeza de una mujer ciega y ella recobró la vista inmediatamente. 

Fue enviado a la ciudad de Tolentino. A Nicolás no le interesaba nada aparecer como sabio ni como gran orador, ni atraerse los aplausos de los oyentes. Lo que le interesaba era entusiasmarlos por Dios y obtener que cesara las rivalidades y que reinara la paz en aquella ciudad. San Nicolás empezó a pasar horas y horas en el confesionario, absolviendo a los que se arrepentían al escuchar sus sermones. 

Nuestro santo recorría los barrios más pobres de la ciudad consolando a los afligidos, llevando los sacramentos a los moribundos, tratando de convertir a los pecadores, y llevando la paz a los hogares desunidos. 

Murió el 10 de septiembre de 1305, cuarenta años después de su muerte fue encontrado su cuerpo incorrupto. 

 

 
 

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