Salir de nosotros mismos

La relación con los demás nos hace bien, nos ayuda a salir de nosotros mismos y encontrar a Jesús en el otro. Reflexión del Evangelio.

 
Salir de nosotros mismos

Jesús, mediador entre Dios y los hombres, vino a revelarnos que la importancia de la relación:


1. Permanecemos en el amor EN RELACIÓN



2. Somos podados para ser más fecundos EN RELACIÓN


3. Los frutos duraderos se obtienen EN RELACIÓN


1. Permanecemos en el amor EN RELACIÓN


 Es Pascua, y seguimos cosechando sus frutos: ¡la unidad es el gran fruto pascual! En la segunda lectura, tomada de la Carta de Juan, escuchamos: “Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad” (1 Jn 3,18). ¿Y de qué se nos venía hablando? En los dos versículos anteriores leemos: “En esto hemos conocido el amor: en que Jesús entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?”. La comunidad joánica se daba cuenta de lo esencial, y apuntaba a eso.


La imagen evangélica de la vid, el viñador, los sarmientos y sus frutos (Jn 15,1-8), es una COMPLETA RED DE RELACIONES. Nosotros, los sarmientos, comunidad de bautizados que unidos a la vid, Cristo, somos cuidados –podados– por el Padre-viñador. La comunicación de vida es gracias al “Espíritu Santo que se nos ha dado” (1 Jn 3,24).


2. Somos podados para ser más fecundos EN RELACIÓN


 Podemos interpretar nuestras enfermedades, sufrimientos y contrariedades como las “podas” de Dios en nuestra vida. Puede ser. Pero tenemos que reconocer que lo que más nos cuesta y hace aflorar nuestras miserias más profundas es la relación con los demás: en la convivencia, en las relaciones laborales, en la pareja. Ahí nos podemos ocultar nuestro verdadero rostro. Cada vez que tenemos que pedir perdón, que tenemos que perdonar, es una oportunidad para crecer en el amor, para permanecer amando.   


3. Los frutos duraderos se obtienen EN RELACIÓN


Los mejores frutos, los frutos que permanecen en el tiempo, son los que podemos dar en comunidad. Estos frutos casi nunca salen de la mente de un iluminado o grupo de iluminados, y que el resto se limita a asentir ciegamente y a trabajar acríticamente. Los frutos que permanecen son los que se gestan lentamente en el fecundo terreno de las iniciativas que parten de una necesidad común y actual (algo que necesitamos todos-acá). De lo contrario, caemos en una lucha de poderes, en la que los que más sufren son los más pobres (esto a nivel de comisiones de instituciones, a nivel país, y en nuestras propias comunidades eclesiales). La voz del Espíritu Santo se discierne en comunidad, ¡siempre en Iglesia, en Sínodo! (cf. Hch 2,1-4). Podemos dejarnos interpelar preguntándonos en concreto, en esta comunidad: ¿Cuántas iniciativas pastorales surgieron de un discernimiento comunitario, de una verdadera necesidad de la gente del barrio en donde vivimos, venga o no a misa? ¿Cuántas otras iniciativas pastorales surgieron del “sipadrismo”?


 “Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos.” (Papa Francisco, Evangelii gaudium 87. Capítulo II: EN LA CRISIS DEL COMPROMISO COMUNITARIO, bajo el subtítulo «Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo»).


(Fuente: YO CREO / Autor: Javier Di Benedetto)


 
 

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