Salmo 98: Dios hace maravillas

La potencia del Señor nos rodea, es cuestión de abrir los ojos para descubrirla.

 
Salmo 98: Dios hace maravillas

Cantemos a Dios una nueva canción pues Él hace maravillas,


su sagrado poder lo har´s triunfar.


      Su salvación manifestó a las naciones


      y su justicia reveló a los pueblos.


Siempre recuerda su bondad y fidelidad hacia la Casas de Israel,


desde los rincones de la tierra han visto su salvación.


      Que todo el universo clame a Dios


      y le canten himnos y poesías.


Cantémosle con todos los instrumentos,


con la melodía del arpa y cantos armoniosos.


     Al son de trompetas y del shofar


     aclamemos al Rey eterno.


Que brame el mar y cuanto lo llena,


el mundo y los que en él habitan.


     Que los ríos canten su gloria


     y las montañas al unísono entonen canciones.


Pues Dios viene a juzgar a la tierra con equidad


y a los pueblos con rectitud. 


Comentario:


"La diferencia entre un milagro y un hecho natural es sólo su frecuencia".


Así cita el rabino Menajem Mendel Schneerson al Baal Shem Tov, y agrega: "Supongamos que el sol saliera una sola vez en nuestra vida. Todos correrían a verlo, proclamándolo el hecho más milagroso". Y concluye que existen dos tipos de milagros: el que contradice abiertamente las leyes de la naturaleza, y el que se manifiesta dentro de ellas.


Este salmo hace referencia a Dios precisamente como "hacedor de maravillas". Profetiza que llegará el día en que reinará la paz perfecta, la anhelada era mesiánica.


Ese milagroso día todos los habitantes de la tierra se regocijarán y expresarán su júbilo de múltiples y diversas maneras, munidos de diferentes y singulares instrumentos, todos igualmente preciosos y válidos, todos conviviendo en armonioso respeto recíproco.


Ese día no sólo seremos testigos de los milagros que se dan dentro del marco de la naturaleza, bajo la apariencia de leyes fijas, cílcicas y previsibles.


Ese día se juzgará "con rectitud".


Y la igualdad, la ecuanimidad, la imparcialidad, el respeto y el enriquecimiento en la mutua diferencia son "milagros" que, por sobre todas las cosas, están en manos humanas, las nuestras.


¿Qué haremos nosotros para acelerar el arribo de la ansiada paz?


Porque Dios puede mostrarnos el camino, pero somos nosotros quienes debemos emprender la marcha.


Fuente "Sidur Tefilot Guedolot", edición de Judith Berinstein, Ediciones Seminario Rabínico Latinoamericano, 2007.

 
 

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