La espiritualidad judía expresada en este himno de David.
Cuando el Señor revele su reinado, temblarán las naciones
y la tierra se estremecerá ante el que se asienta sobre los ángeles.
La grandeza del Señor, que reside en Sion,
se elevará por sobre todas las naciones,
y alabarán su nombre magno, reverente y sagrado.
Rey poderoso, amante de la justicia, que instituiste la equidad,
has instaurado el derecho y la rectitud en Jacob.
Exalten al Señor nuestr Dios,
y póstrense ante su estrado, porque Él es santo.
Moisés y Aarón entre sus servidores,
y Samuel entre aquellos que invocaron su nombre,
clamaban a Adonai y Él les respondía.
Desde una columna de nubes les hablaba,
y ellos cumplían con sus testimonios y sus leyes.
Señor, Dios nuestro, Tú les respondiste,
y aunque retribuyeras sus acciones erradas, fuiste un Dios compasivo con ellos.
Exalten al Señor, nuestro Dios, y póstrense ante el monte de su santidad,
porque el Eterno, nuestro Dios, es Santo.
En este salo se describe a Dios mediante dos términos a primera vista similares pero que, no obstante, tienen connotaciones diferentes.
Uno de ellos es "ram", exaltado, que alude a algo que está más allá de nuestro alcance.
El otro es "gadol", grande, que en hebreo tiene la misma raíz que la palabra "midgal", torre. Así como la torre se eleva hacia las alturas sin abandonar su base en la tierra, Dios está en el cielo mas no se desentiende de los asuntos terrenales.
Dios es presentado como remoto y cercano a la vez, como trascendente e inmanente al mismo tiempo.
¿Cómo podemos ir, entonces, al encuentro de la presencia divina?
El salmo ofrece una respuesta tentativa a través de tres figuras relevantes en la historia del pueblo judío: Moisés, Aarón y Samuel.
Moisés enfatizaba el servicio a Dios, Aarón -su hermano- ponía el asento en el servicio al prójimo. Y el Talmud equipara a Samuel con Moisés y Aarón pues dedicó su servicio tanto a Dios como al prójimo.
Las vidas de estos tres hombres tan caros al judaísmo dan testimonio de que es posible encontrar a Dios dirigiéndonos "hacia arriba", "hacia afuera" y "hacia adentro" de nosotros mismos.
Para el judaísmo, Dios no es sólo el distante "Él" sino también el cercano "Tú" a quien dirigimos nuestras plegarias... "Él" siempre se convierte en "Tú" (Leo Baeck)