Salmos: libro de oración por excelencia

Benedicto XVI centró su catequesis del miércoles último en el libro de los Salmos. Las riquezas de las plegarias bíblicas.

 
Salmos: libro de oración por excelencia

CIUDAD DEL VATICANO, 22 JUN 2011 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles al "Libro de oración por excelencia, el libro de los Salmos". La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y contó con la presencia de más de 10.000 personas.


En los ciento cincuenta salmos bíblicos que componen el Salterio, dijo el Papa, "encuentra expresión toda la experiencia humana" y "la entera realidad del creyente confluye en las oraciones que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después han acogido como mediación privilegiada de la relación con el único Dios y como respuesta adecuada a su revelación en la historia".


No obstante su multiplicidad expresiva, en los Salmos se pueden identificar dos ámbitos principales, explicó el Santo Padre, "la súplica ligada al lamento, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. La súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias, que surgen de la experiencia de la salvación recibida, que presupone la necesidad de ayuda que la súplica expresa. (...) De esa forma, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y funden en un canto único que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina sobre nuestra fragilidad".

Los Salmos "enseñan a rezar. En ellos la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración. (...) El que reza los Salmos habla a Dios con las mismas palabras de Dios, dirigiéndose a Él con las palabras que nos enseña" y "a través de esas palabras  también es posible conocer y acoger los criterios de la acción de Dios y acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos, para crecer siempre más en la fe y el amor".

Así, enseñándonos a  rezar, los Salmos "nos enseñan que incluso en la desolación  y en el dolor, la presencia de Dios es fuente de asombro y consuelo; se puede llorar, suplicar, interceder (...), pero con la certeza de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza será definitiva".

Igualmente importante y significativas son "la forma y la frecuencia con que las palabras de los Salmos se retoman en el  Nuevo Testamento, asumiendo y subrayando el valor profético sugerido por los lazos del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que oró durante su vida terrena con los Salmos, éstos encuentran su realización definitiva y revelan su sentido más profundo y completo. Las oraciones del Salterio, en las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible que nos revela plenamente el rostro del Padre. El cristiano, pues, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo esos cantos en una nueva perspectiva, cuya clave final es el misterio pascual".

 

 
 
 
 

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