Santificar el trabajo de todos los días

Trabajar puede tener distintas motivaciones y efectos en las personas. La relación con Dios en medio de las tareas cotidianas.

 
Santificar el trabajo de todos los días

Por muchos años la pregunta típica que se le hacía a una persona era ¿estudias o trabajas? Si la respuesta era estudio, la siguiente pregunta era ¿qué? y así se llegaba a conocer un poco más a ese sujeto.


Si la respuesta era trabajo, la siguiente pregunta era ¿en qué? o ¿dónde? y al contestar también se llegaba a conocer un poco mejor a la persona.

En otras palabras,  lo que hacemos forma parte de nuestra identidad y nos ayuda en el fortalecimiento de nuestra autoestima. 

FORTALECER LA AUTOESTIMA 

Hay quienes dicen que para el creyente la única seña de identidad, el único elemento fortalecedor de nuestra autoestima es nuestra relación con Jesús. En parte estoy de acuerdo con esta postura pues el principio es que debo encontrar en Jesús mi razón de ser.

Pero yo veo otra cosa cuando leo el plan original de Dios para el hombre. Veo que hay dos elementos poderosos, dos bendiciones dadas por Dios al hombre para nutrir y fortalecer su identidad y su autoestima. En primer lugar lo arriba mencionado: sus relaciones (ver Gen 1.26-27). La relación directa del hombre con Dios, los paseos matinales, la imagen y semejanza con el Creador, ubicaba al hombre como ser especial, la culminación de la obra creadora.

A la vez hay otro elemento, otra acción de Dios para con el hombre que repercute en un fortalecimiento de su identidad y autoestima: el trabajo a ejercer  (ver Gen. 2.15). Por muchos años no caí en leer la palabra “labrará”. Esto implica usar de la fuerza para alcanzar un fin. La otra palabra que se usa en esa frase es “cuidar”. Eso se puede hacer con una mirada, con una palabra, tirando una piedra para ahuyentar al depredador, pero labrar quiere decir… pues eso, usar de mi fuerza física trabajando.

Quizás por esto es que nos resulta tan difícil quedarnos sin trabajo, pues va en contra de ese plan original que Dios nos dio, va en contra de una de las bendiciones del jardín del Edén, mina uno de los elementos importantes en el fortalecimiento de nuestra identidad y nuestro autoestima.

Tal vez esta sea la razón, el trabajo como plan original de Dios, por la que el trabajo es tergiversado por el enemigo para convertirse en el medio para “ganar la vida” o para “mostrar lo que valgo” en vez de ser mi forma de alabar a Dios. 

ALABAR A DIOS CON EL TRABAJO 

Paremos a pensar un momento: ¿cuál es el fin del hombre en la tierra? Sin querer simplificar el asunto yo creo que el fin del hombre en la tierra es el de glorificar a Dios (ver 1Cor 10.31 y Apoc 4.11).

¿Cómo glorificaba Adán a Dios? No hay evidencia de cantos o cultos en el relato de Génesis 1 a 3. La única acción que ejerce el hombre es la de “labrar, cuidar y pasear”.  ¿Será que el trabajo y los tiempos en intimidad con Dios fueron las formas que tenía el hombre a su alcance para alabar a su creador?

Si esto es cierto mi trabajo se convierte en la forma más cercana y reiterativa que tengo como hombre para glorificar y alabar a Dios. El trabajo deja de ser el medio por lo cual “me gano la vida” y se convierte en el medio por lo cual “alabo al dador de mi vida, mi sustento y mi ser”.

Mi enfoque no es lo que tengo que hacer sino que lo hago para que Él sea glorificado. 

Esta lección la aprendí de mi abuelo materno. Él era barbero y yo me ganaba un dinerillo barriendo su barbería (en esos tiempos la barbería era para los hombres y la peluquería para las mujeres). Debajo de cada una de las tres sillas donde le cortaban el pelo a los caballeros había una especie de alfombra de goma.

Un día mi abuelo salió por unos minutos para hacer un recado y yo me puse a barrer. En vez de barrer todo el pelo acumulado y tirarlo, decidí levantar la alfombra de goma y barrer el pelo debajo para terminar antes, total, mi abuelo no se daría cuenta…

Claro está que mi abuelo se do cuenta pero no me echó la bronca, sólo me hizo una pregunta “¿para quién estabas barriendo?”.

“Si lo hacías para mi, claro está que habrá días que lo hagas mejor o peor dependiendo de tu ánimo, lo bien o mal que te he tratado, las ganas que tienes de barrer o de leer las revistas”. Pero si lo haces para Jesús, da igual que yo esté en la barbería o no, es tu forma de mostrarle a Él lo que vale para ti”.

MOSTRARLE LO QUE LE AMO 

Con los años he llegado a entender que mi trabajo no es para mostrarle lo que valgo sino para mostrarle lo que lo amo. “Esto va por ti Señor… Aunque aquí no me ve nadie y podría prescindir de esa pieza nueva para colocarle una “medio gastada”, no lo hago porque va por ti”.

 

¿Te ganas la vida o alabas al dador de tu vida, tu sustento y su ser?

¿Estas cortantemente intentando mostrar lo que vales o has cambiado el chip para entender que el trabajo que ejerces es una de las formas que tienes para glorificar a Dios?

¿Trabajas o Alabas?

Guille Eddy

Fuente Protestante Digital
 
 

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