Señor, haz un nido en mi alma

Podemos pensar, no sin razón, que no tenemos nada para ofrecer a Jesús. Que nuestro corazón -vacío- no puede recibirlo.

 
Señor, haz un nido en mi alma

Hace unos días comenzaron a aparecer pequeños restos de barro en el dintel de la ventana de mi dormitorio. Poco a poco, aquello que parecía apenas un montoncito de tierra mojada y hojarascas, se fue transformando en el nido de un casal de horneros que hoy se pavonea en su casita, mientras yo los miro desde adentro.


Esa pequeña muestra de laboriosidad que comenzó con un desorden de barro y hojas, puede acompañarnos en nuestra vida espiritual.


Hay momentos en los que sentimos que nuestra alma encierra solo restos de viejos rencores, de mentiras, de indiferencia hacia los demás –especialmente los pobres y los más vulnerables-, de egoísmos, de sensualidad.


Y también podemos pensar, no sin razón, que ese montón de basura que ocupa nuestra alma, no deja lugar para que entre la bondad, la misericordia, la generosidad, la mortificación, el apostolado de amistad y confidencia y el amor hacia nuestro prójimo, especialmente el más próximo.


Ya cerca de comenzar la Semana Santa quiero invitarte a que le pidamos a Jesús que haga con toda esa suciedad, como el hornero, una casa para Él. Que el Señor haga un nido en nuestra alma y se quede allí, para siempre, haciéndose dueño de nuestro corazón y de nuestra vida. Para que podamos transmitir a nuestros amigos y familiares la luz de la Fe en hechos concretos que los ayuden en su vida diaria y en la búsqueda del Cielo.


(Fuente: Yo Creo – Autor: OM)

 
 

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