Señor, tú sabes que te amo

El perdón de Dios es olvidadizo. El Señor perdona y pasa a otra cosa. A veces somos nosotros los que no queremos dar vuelta la página.

 
Señor, tú sabes que te amo

Hay una escena en el Evangelio durante la cual Jesús pregunta a Pedro en tres oportunidades si lo ama. El apóstol responde afirmativamente las tres veces, pero consciente de su traición durante la noche de la Pasión de Jesús, se entristece por la insistencia de Cristo –así lo dice el evangelista- y le responde: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Pedro teme que la insistencia de Jesús obedezca a su comportamiento anterior.


San Juan lo relata así:Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.


Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.


Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”


Es una de las declaraciones de amor más sinceras que hemos escuchado. Pedro, habiendo negado a Jesús en las horas de mayor dolor para el Maestro, se enfrenta ahora con la mirada del Señor resucitado y una pregunta directa: “¿Me quieres?”


En la escena del Evangelio se mezcla la pregunta de Jesús, su insistencia, con el recuerdo de la traición de su discípulo. Pero Cristo no va por ahí. No hace referencia alguna a aquella noche, a aquel “yo no conozco a este hombre”, antes de que cantara el gallo. Es a Pedro a quien se le viene esa hora triste a su cabeza. No es Dios quien recuerda su pecado. Es el discípulo quien lo trae a colación.


Muchas veces no sabemos aceptar el perdón de Dios. Nos acercamos al sacramento de la reconciliación, con el dolor de los pecados y con el propósito de enmienda pero, sin embargo, cuando salimos del confesionario no dejamos de pensar en nuestra caída. Cuando lo más importante es que el Señor nos ha levantado y otorgado su Gracia.


No dejemos que nuestra soberbia se interponga entre el perdón del Padre y nuestra alegría. Como dice el Papa Francisco, “Dios nunca se cansa de perdonar. Los que nos cansamos de pedir perdón somos nosotros”. Y si Dios perdona y olvida, no nos empeñemos en hacer pequeño algo extraordinariamente grande, como es la gracia y el perdón del Señor. Sigamos adelante, proponiéndonos ser mejores cada día y, sobre todo, más felices.


(Fuente: Yo Creo)


 
 
  • Carmen
    Gracias por estas palabras, espero que a muchos les hayan llegado en el momento oportuno como a mí. Les pido que también nos compartan reflexiones sobre los escrúpulos para vencerlos porque luego de recibir el sacramento de la confesión después de mucho tiempo, suelen venir ¿no? Gracias de nuevo pro su labor, los leo a diario!

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