Servidores y no esclavos

Comentario del Evangelio del Domingo por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Servidores y no esclavos

¿A qué o a quién queremos servir?, parece ser la clave del planteo de Jesús en el texto que la liturgia nos propone este domingo. ¿Servidores del Reino o esclavos de falsos profetas o dioses?, en pocas palabras ¿servidores o esclavos? La vida cristiana corre el riesgo de caer en la mediocridad cuando nuestro servicio a Dios y a su Iglesia cae en el infantilismo de creer que se puede hacerlo desde estructuras y criterios puramente humanos, sin relación con nuestro único Dios y Señor.


En su exhortación acerca de la imposibilidad de servir a Dios y al dinero, bien puede entenderse con este último: las cosas del mundo, Jesús no nos invita a comprometernos con una lógica evasiva, apartada de la realidad, sino a ser servidores del Reino desde nuestra labor concreta y cotidiana. Nos impulsa a ser servidores alejándonos del servilismo.


El diccionario de la Lengua Española define a servilismo como la “tendencia exagerada a servir o satisfacer ciegamente a una autoridad”, mientras que servicio aparece como aquella “labor o trabajo que se hace en beneficio de otro”. Así una y otra, aunque miembros de la misma familia de palabras se distinguen claramente, mientras que la primera nos reduce a la esclavitud, la segunda tiene como consecuencia la libertad. El planteo no está tanto en auto-encasillarnos en una u otra postura sino en determinar que motiva y determina nuestro accionar.


Quien ve en el servicio una oportunidad de entrega y un auténtico lugar de poder en el que no se busca dominar al otro sino hacer de la propia libertad un acto de oblación, es un servidor; ahora bien aquel que busca el reconocimiento personal, el dinero, el éxito, y hace del poder un sistema opresor de vida es un esclavo. Esto no es así para la lógica superficial del mundo, pero sí lo es para la lógica de Cristo que pone nuestra libertad como la determinante de nuestra vida, y por ende, de nuestra propia felicidad.


Quien vive atrás de un amo buscando solo satisfacerlo y con ello buscando un premio difícilmente llegue a gozar de la verdadera libertad, mientras quien se siente libre de amar y servir al Reino y lo hace sin doblez de intenciones alcanza la plenitud de sí y hace de su vida una expresión de la libertad y sencillez de los hijos de Dios. Lejos de desentendernos de los problemas diarios debemos hacer de ellos medios y momentos de santificación personal. El trabajo, las ocupaciones, etc., no nos conducen necesariamente al servilismo siempre que hagamos de ellos espacios de entrega personal a la causa de Dios y de su Iglesia.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 
 

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