Si no confías en tus plegarias, recuerda: Cristo ha rezado por ti.

Orar es unirnos a la oración del Señor. Él mismo elevó sus súplicas al Padre por los suyos.

 
Si no confías en tus plegarias, recuerda: Cristo ha rezado por ti.

"Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague". 


Nuestro Señor Jesús dirigió esa frase a Pedro justo después de predecirle su triple negación. Él está a punto de salir para Getsemaní, donde orará y "agonizará" en el huerto; sin embargo -en ese momento- piensa en Pedro, quien sufrirá una gran prueba y quiere decirle que -a pesar de sucumbir por su debilidad-  puede seguir adelante, que ha rezado por él. Precisamente la oración de Jesús sostiene la debilidad de sus discípulos durante la prueba. 

Esto es un gran consuelo para nosotros, pues significa que ante las dificultades de la vida no dependemos exclusivamente de nuestras fuerzas, ni siquiera de nuestra propia oración  Por un lado, a veces sufrimos pruebas y dolores tan grandes que lo último que se nos ocurre en ese momento es rezar. Por otro, nuestros momentos de oración pueden llegar a ser tan distraídos que -realmente- poca fuerza podemos esperar de ellos.

No es raro que perdamos la confianza en nuestra propia oración. 

Pero saber que Cristo ha rezado por nosotros, para sostenernos en los momentos de debilidad, para que sepamos levantarnos después de haber caído, ese sí que es un gran consuelo. ¿Qué oración puede ser más eficaz que la del mismo Cristo? 

Si no confías en tu propia oración, no te preocupes. Cristo ha rezado por ti. 

P. Francisco Armengol

Fuente www.la-oracion.com
 
 

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