Tal vez la apariencia física de Jesús no sea como la imaginamos

Cada uno tiene sus características particulares, cada uno es absolutamente singular y único, incluso desde el punto de vista físico, con sus particularidades y sus diferencias. Cada uno es exclusivo para Dios y para los que nos aman.

 
Tal vez la apariencia física de Jesús no sea como la imaginamos

Hay dos textos del Antiguo Testamento que a lo largo de la historia, los cristianos hemos leído relacionándolos a Jesús abriendo dos corrientes de opiniones. Un texto es el que se encuentra en el Salmo 45 que dice: “eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia. El Señor te bendice eternamente” (44,3) y el otro texto es del libro del profeta Isaías, que la liturgia cristiana lo lee en el Viernes Santo, aquél que dice: “como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias. Nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades” (53, 2-5).


Por un lado está el texto del Salmo que -interpretado para Jesús- nos afirma que es el más bello de los hijos de Adán y, por el otro, el texto de Isaías que -adjudicado también a Jesús como Siervo Sufriente de Dios- lo muestra sin hermosura, ni presencia, casi sin apariencia, de tan desfigurado que estaba por sus sufrimientos. Entre la hermosura y la desfiguración, entre la forma armoniosa y la deformación –en este caso hecho por la violencia y el maltrato- se encuentra, a medio camino, la fealdad.


Ciertamente la tradición espiritual y artística nunca ha querido considerar a Jesús como un hombre feo; al contrario, aún agonizante, flagelado y martirizado en la Cruz tiene cierta belleza y armonía. A menudo tenemos ideas preconcebidas que se nos ha transmitido tradicionalmente para con la imagen de Jesús: el  semblante claro y sereno, rasgos firmes y belleza varonil, casi perfecta. ¿De dónde vienen esas imágenes que lo ensalzan como un hombre de gran belleza?, ¿acaso alguien retrató su verdadera imagen alguna vez?


Tal vez Jesús tenía el aspecto de un hombre típico judío, de aspecto común y normal, un varón de trabajo, rudo, pobre y sufrido, para quien la vida no le fue para nada fácil, un trabajador forzado con el duro oficio de su padre adoptivo. Hay una pregunta que podemos hacerla y puede que nos movilice: ¿y si Jesús era feo según los criterios estéticos imperantes en la actualidad?


Seguramente se vestía y se peinaba como un judío de su época. Tal vez, con la apariencia de todos los de su tiempo. De hecho, los soldados romanos cuando fueron a capturarlo en el huerto de los olivos  no sabían cómo distinguirlo en medio de todos. Judas lo identifica con un beso.


El Nuevo Testamento nos dice que “fue uno de tantos, como un hombre cualquiera” (Flp 2,7). Hasta es posible que haya querido, siguiendo una secreta ley de solidaridad, ser feo ya que la pobreza, la indigencia,  la precariedad y la vulnerabilidad –muchas veces- se hermanan con la fealdad.


El Señor sufrió el desprecio y la humillación. Fue marginado y excluido. Tal vez Jesús fue feo y pobre para solidarizarse con el que sufre y para enseñarnos el valor y la grandeza que puede esconderse en lo que  despreciamos. Tal vez fue bello sin ser hermoso para revelarnos así otra mirada de la realidad y de las personas, traspasando la máscara y la cáscara superficial con la que todos nos revestimos y nos cubrimos, ocultando nuestras fragilidades e indefensiones porque tenemos miedo que los demás nos vean tal cual somos y se asusten o nos dejen de querer o nos tengan lástima y compasión.


Ser feo es estar a la intemperie y conocer una exposición que todos queremos ocultar. Nos asusta la mirada y la reprobación de los otros. Nos da miedo la discriminación. Nos defendemos del otro y de su posible ataque. Queremos la belleza como protección y como aprobación social. No importa lo que llevemos dentro. Los seres humanos somos fácilmente engañados. Basta una apariencia hermosa para que creamos que adentro también es así. No siempre sospechamos que hay bellezas que no se ven y hay fealdades ocultas en disfraces hermosos. Hay personas desafortunadas en su aspecto físico y de una personalidad incomparable, verdaderamente talentosas e inteligentes.


Tenemos que aprender la sabiduría de la aceptación. Los jóvenes de la belleza que tienen. Los mayores del paso de los años con dignidad. Hay belleza en las arrugas si son los surcos de la vida vivida y atesorada. La piel tiene memoria de vida en sus arrugas. En realidad, la fealdad existe pero no existen los feos. Todo es una invención humana, un producto de nuestros prejuicios. Nos empeñamos absurdamente en clasificarlo todo y de comparar. Con falsas apreciaciones juzgamos a las personas, incluso por lo que de ella aparece a nuestros ojos. Cada uno tiene sus características particulares, cada uno es absolutamente singular y único, incluso desde el punto de vista físico, con sus particularidades y sus diferencias. Cada uno es exclusivo para Dios y para los que nos aman. Mirado cada uno en sí mismo y en su dignidad de persona, nadie es feo. Nunca nadie es feo a los ojos de la hermosura de Dios. Nadie es feo para el amor verdadero.  Nadie es feo para aquél que lo ama. Nadie es feo si es amado.


Fuente: Eduardo Casas para Yo Creo.

 
 
  • maría inés paez
    Un texto profundísimo, y muy necesario, creo que debería ser punto de debate para todos los cristianos; porque pareciera que su apariencia fuera mas importante que Él mismo. Particularmente pienso que habrá sido un semita cualquiera, mas bien bajo, piel aceituna, pelo y ojos oscuros, un cuerpo sufrido por las inclemencias y las privaciones, si lo quizo así para solidarse con los pobres es una conjetura, creo que Él no sabía todo, que fue decubriendo conforme iba viviendo y que ni soñó con atravesar la historia por milenios, que todo lo hizo por los de su tiempo y que su existencia fue tan extraordinaria tanto por su humanidad como por su divinidad, fue El Dios escondido en un recóndito lugar de la tierra para redención de la raza humana, tanto que el mundo se divide en dos, un antes y un después decisivo para la humanidad, puedes aceptarlo y amarlo con toda tu alma y con todo tu corazón, pero no puedes cambiar ni un ápice de su aspecto físico, psíquico, espiritual, si lo haces, lo estás inventando en tu mente, es un ídolo al que adoras por su apariencia y belleza física. Este texto es invalorable.
  • Ernestina
    Yo creo? Que esta nota es muy buena descriciôn, de Jesus; Por que? realmente, como dice el Padre Eduardo¡ Lo que realmente amamos, es tan bello¡ En el amor se encuentran todas las bellezas¡ esten o no? uno siente que el amor lo trasforma todo, Y jesus es tan amado¡ Que para nosotros no hay otra belleza que se le compare¡¡ Felicitaciones Padre eduardo casas¡¡¡ Un Genio¡¡¡ Cariños ernestina¡¡
  • Ernestina
    Yo creo? Que esta nota es muy buena descriciôn, de Jesus; Por que? realmente, como dice el Padre Eduardo¡ Lo que realmente amamos, es tan bello¡ En el amor se encuentran todas las bellezas¡ esten o no? uno siente que el amor lo trasforma todo, Y jesus es tan amado¡ Que para nosotros no hay otra belleza que se le compare¡¡ Felicitaciones Padre eduardo casas¡¡¡ Un Genio¡¡¡ Cariños ernestina¡¡

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