Un cura reunió la mejor antología de poesía religiosa ¡en 1946!

Un hallazgo inesperado, una "perlita" para enriquecernos.

 
Un cura reunió la mejor antología de poesía religiosa ¡en 1946!

En la última visita de mi madre, además de traer -como siempre- regalos para sus nietos, me entregó -con un dejo de complicidad y orgullo- una bolsa que contenía algunos libros que habían pertenecido a mi padre. La “bolsita” permaneció sobre mi escritorio durante casi dos meses hasta hoy, cuando al abrirla, pude descubrir cinco libros de diferentes autores y tiempos, y cuatro estampas que también habían pertenecido a mi papá: una de un Juan Pablo II (muy joven), otra del P. José Kentenich, fundador del movimiento Schönstatt y otra de San Josemaría Escrivá de Balaguer con la leyenda “Semper ut in mentum!”


Los títulos de los libros son “Hablar con Dios”, de Francisco Fernández Carvajal, Santo Rosario y Camino, de Escrivá de Balaguer y dos libritos muy chiquitos, Las Verdades de Nuestra Fe y Antología, Cien de las Mejores Poesías Religiosas de la Lengua Castellana de Pablo Schneider del año ¡1946!


Sinceramente este último libro me sedujo tanto que mis manos lo tomaron como si fuera un incunable. La tapa está un poco gastada (más por los años que por el uso) y tiene una pequeña arpa como única ilustración. La editorial es Poblet y el autor es un sacerdote que, seguramente, me estará viendo escribir estas líneas desde el Cielo; y preguntándose cómo es que yo no lo conozco.


El Padre Schneider elige para iniciar su Antología –cuya definición es la de “una selección de textos literarios de uno o de varios autores”- un soneto que se conoce parcialmente y que algunos hemos recitado por partes sin comprenderlo totalmente. Me gustaría aprenderlo de memoria, porque es un texto muy rico en generosidad y en amor desinteresado:


Soneto al Jesús Crucificado


“No me mueve, mi Dios, para quererte


el cielo que me tienes prometido,


ni me mueve el infierno tan temido


para dejar por eso de ofenderte.





Tú me mueves, Señor; muéveme el verte


clavado en una cruz y escarnecido;


muéveme ver tu cuerpo tan herido;


muéveme tus afrentas y tu muerte.


 


Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,


que aunque no hubiera cielo, yo te amara,


y aunque no hubiera infierno, te temiera.


 


No me tienes que dar porque te quiera,


pues aunque lo que espero no esperara,


lo mismo que te quiero te quisiera.”


En días sucesivos, compartiré con ustedes otras poesías, que pueden ayudarnos a rezar y al mismo tiempo a descubrir a hombres y mujeres que encontraron en la literatura, una forma de acercarse más a Dios.


O.M. © Yo Creo



 

 
 
  • guillermina
    un regalo de Dios !!!!!, me encanto y me emociono al reconocerla que la lei cuando era chica, mil gracias !!!!!

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