Un día nublado

Apenas se ve el camino, queremos detenernos, pero Alguien nos llama a continuar nuestra marcha hacia la cumbre.

 
Un día nublado

Era un día nublado, con frío y unas cuantas gotas de lluvia. La neblina no me dejaba ver. En estas condiciones la subida parecía no tener sentido. Sin embargo, estaba siguiendo el camino correcto y, a pesar de los momentos difíciles, la esperanza de llegar seguía viva.

Cada uno de nosotros sube la montaña de la fe, es un camino que dura toda la vida. Empieza con el bautismo y termina con el paso de la muerte a la vida eterna.

Pero muchas veces este camino puede oscurecerse, puede nublarse, y poco a poco vamos perdiendo el plano sobrenatural de nuestra vida. Sin darnos cuenta, caemos en un grave error: vivir solamente con  criterio humano y dejar la fe sólo para cuando conviene o como "último recurso". Así separamos la fe de la vida, vivimos una doble existencia, falsa e incoherente.

Cuántos vamos a Misa, comulgamos, nos confesamos... pero vivimos la fe con pura exterioridad. Nuestras decisiones se vuelven conveniencias humanas y no cristianas. En lugar de subir la montaña, quizá con lentitud, pero con constancia, vamos descendiendo, olvidándonos del destino. San Gregorio Magno lo decía muy bien: "seria insensato el que, contemplando lo ameno del paisaje, se olvidara del término de su camino".

Debemos estar conscientes de que nunca estamos solos, especialmente en aquellos momentos de oscuridad y tormenta, la luz de la Iglesia alumbra el camino. El Papa nos convoca a vivir el "Año de la Fe" para que brillemos también nosotros y ayudemos a otros en el camino hacia la cumbre de la santidad.

El católico tiene que vivir siempre como católico, no puede olvidar su destino: llegar al encuentro con Dios. Y en esta subida, hemos de recordar que Él nos ha mandado ser luz del mundo.


La fe sí se se puede vivir, no te canses de mostrar la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo.

Mariano Hernández


Fuente Catholic.net

 

 
 

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