Un puñado de tipos comunes

Eso es lo que buscó Jesús al momento de elegir a sus apóstoles, ningún requisito exclusivo más que el de su sencillez y coherencia de vida.

 
Un puñado de tipos comunes

El proyecto del Reino no es para cualquiera, se necesita un requisito difícil de encontrar en la sociedad, que no es fruto del estudio ni de la formación académica, para formar parte del equipo de Jesús se necesita sencillez.



Cual si fuese un catálogo de selección para un casting, diríamos hoy, Jesús eligió a los suyos, a los apóstoles, de modo intencional, no porque se eran los que estaban en ese momento con él, sino que reveló con su elección y con cada uno de ellos lo que se necesita para la vida cristiana: sencillez, humildad, modestia.


Los eligió de entre el pueblo, es decir, no viajó a buscarlos a ningún lado, ni les pidió condiciones como las que se pretenderían en la mejor de las empresas actuales, sino que les dijo que con una vida coherente, entusiasmo y convicción bastaba. Parece poco, incluso hasta despreciable en término de eficiencia, pero lejos de esto constituyó una sociedad de personas que dejaron huella de su mensaje por todo el mundo.


¿Por qué lo hizo? Quizá para desconcertar a los soberbios, para mostrar que una mirada de las cosas distinta es posible, para enseñarnos que en la virtud de la sencillez radica lo esencial, y que el amor no requiere complementos sino que se expresa en el servicio a los demás. Es interesante volver cada tanto sobre la vida de los apóstoles y ver su condición de tipos normales, ni místicos ni improvisados, hombres y mujeres como nosotros, que saben de alegrías y de fracasos, que pasaron por los mismos problemas que nosotros.


Jesús no optó por lo “mejor” de entre sus contemporáneos sino por la mejor enseñanza, aquella que interpela a aquel que está mas allá de sus pares, que es pedagógica y sanante, y que por sobre todas las cosas refleja el amor de Dios por sus hijos manifestado en la sencillez del madero sobre el que Él mismo fue recostado en el pobre pesebre de Nazaret y luego colgado para redimirnos y darnos nueva vida.


(Fuente: YO CREO / Autor: Emilio Rodriguez Ascurra / @emilioroz)


 
 

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