Una iglesia para todos

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Una iglesia para todos

Además de los doce Jesús designa a otros setenta y dos que deben ir a anunciar la llegada del Reino de Dios, ambos números son simbólicos, mientras que doce son las tribus de Israel, setenta y dos son las naciones paganas, así lo que quiere decirnos es que su mensaje de salvación no es solo para aquellos que han sido marcados por el sello de la circuncisión, como dirá el apóstol Pablo en la segunda lectura, sino para todos los hombres y mujeres del mundo.


Los envía de dos en dos, la fe se comparte nunca se vive solo, sino que su dinámica es comunitaria, una fe intimista corre el riesgo de convertirse en una fe egoísta y autorreferencial, por el contrario quien hace de su experiencia de fe y oración un punto de encuentro con el otro, primero con mi compañero de camino, con aquel con quien camino en mi vida creyente y luego con aquel a quien le comparto lo que he visto y oído sale enriquecido. No necesita de ochenta y cuatro discípulos temerosos y cómodos, sino que los manda casa por casa a dar el mensaje propio de todo cristiano: la paz que solo procede de Dios.


A diferencia de las empresas conquistadoras que necesitan de las espadas y armas para ganar territorio, los discípulos de Jesús se saben carentes de todo pero llenos de la paz y de la misericordia de Dios que todo transforma y es capaz de conquistar corazones. No lleven nada, les dice el Señor, ni pierdan tiempo por el camino, el anuncio es urgente, cuántas almas están hoy necesitadas de la armonía que solo Dios puede darles, y la Iglesia, como bien lo demuestra este texto es misionera por esencia desde sus comienzos.


Estamos invitados a repensar nuestras comunidades, en palabras del Papa Francisco a trabajar por una Iglesia pobre y para los pobres, es decir, que no quede presa de su comodidad, mucho menos de sus prejuicios, sino que salga al encuentro concreto del hermano que necesita ayuda. La empresa de Dios requiere de toda nuestra confianza y entrega, pues hemos sido comprados al precio de su sangre, un precio muy alto, esto merece nos entreguemos sin medida alguna.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación