Viernes 9 de Septiembre

El santo de hoy: San Pedro Claver

 
Viernes 9 de Septiembre

Lucas 6, 37-42 


No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".

Les hizo también esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.


Dios es sabio y misericordioso. Si fuéramos juzgados por la medida de su santidad nadie podría salvarse. pero prefiere que seamos nuestra propia medida. Lo que hacemos con los demás, los juicioso que emitimos, el perdón del que somos capaces... todo eso es la medida con la que somos juzgados.


Aprendamos del Señor -implorémosle- ser sabios y misericordiosos.


 


SAN PEDRO CLAVER:


Nació en 1581 en España, desde niño mostró grandes cualidades intelectuales y de espíritu. Al terminar sus estudios en la universidad de Barcelona el santo fue aceptado por la Compañía de Jesús. 


Gracias a la influencia y consejos de San Alfonso Rodríguez -portero del monasterio donde Pedro vivía- el santo decidió abandonar España en 1610 para asumir la misión de evangelizar en las Indias Occidentales, específicamente en la colonia de Nueva Granada, hoy república de Colombia. 

 

En 1615 fue ordenado sacerdote en Cartagena, y fue ahí donde el santo, al ver la entrega y servicio del P. Alfonso Sandoval por los miles de esclavos negros provenientes del África, tomó la decición de convertirse en " esclavo de los negros para siempre" y pese a su timidez y falta de confianza en sí mismo, se entregó a aquella misión con tenacidad y mucho entusiasmo.

Sus labores empezaban con la visita casi diaria a las barracas en el puerto, donde conversaba y predicaba la palabra de Dios, logrando la conversión y el bautismo de muchos de ellos. Además, atendía a numerosos enfermos y moribundos, a quienes llevaba medicinas y alimentos, y a los niños, algunos dulces y caramelos. Su obra evangelizadora también se extendió por los valles y haciendas donde el santo iba a predicar y velar por el cuidado de sus "negros", no sin antes vencer dificultades y penurias por parte de los hacendados. 

 

La intensa actividad del santo deterioró su salud, y luego de bendecir a su sucesor en su misión apostólica falleció el 8 de setiembre de 1654 en medio de grandes muestras de amor y cariño popular. Fue canonizado el 1888, al mismo tiempo que su gran amigo San Alfonso Rodríguez.
 
 

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