Yo soy la luz del mundo

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Yo soy la luz del mundo

Los elegidos por Dios no siempre son aquellos a quienes elegiríamos para tal o cual rol o cargo social, pues nuestros criterios se ven opacados por la ceguera de lo superficial, de aquello que nos seduce los sentidos pero no llega hasta las entrañas. Dios, por su parte, mira con otros ojos, es capaz de elegir lo débil, lo pequeño, aquello que permanece vedado a nuestra vista y hacerlo grande entre los hombres; esto último lo distingue de nuestra capacidad de elección y de acción.


La unción de David (1 Sa 16,13) es signo de autoridad, del Espíritu Santo que obra en la persona toda, enviándola a una misión específica, en su caso a ser rey. Cada uno de nosotros somos ungidos por primera vez en nuestro Bautismo, recordar la fecha de esta celebración es hacer memoria activa del día en el que no solo fuimos constituidos cristianos, hijos e hijas de Dios, sino del día en que hemos sido conformados a imagen de Cristo, sacerdote, profeta y rey, y se nos ha conferido una misión, una vocación para que desarrolláramos.


El ciego de nacimiento (Jn 9, 1-41) recupera la vista, solo Aquel que proviene de Dios, y que es Dios-hecho-hombre, es capaz de obrar tal milagro, trascendiendo la Ley del Sábado,  pues su grandeza aun cuando se encarna en lo concreto de nuestra historia la trasciende, la eleva, no cabe en medida humana alguna como lo es el tiempo cronológico (cronos). Al mismo tiempo sólo quien es capaz de creer, quien hace de su vida un acto libre en el que adhiere con su entendimiento y su voluntad, y confiesa a Dios como su único Dios y Señor, configurando su vida de acuerdo a su mandato, deja obrar el milagro en sí. He aquí el gran milagro: “el hombre ve las apariencias pero Dios el corazón.” (1 Sa 16,7)


Quienes hemos sido constituidos cristianos estamos llamados a un obrar cada día más ejemplar en el mundo, en la sociedad, plasmando en ella la fragancia de Cristo (cf. 2 Cor 2,15). Un auténtico cristiano rechaza de suyo todo tipo de vida pagana, incluso el gran peligro de la “paganización” de la vida de fe, no hemos sido hechos cristianos de medio tiempo, sino de tiempo completo. “La evangelización y el servicio cristiano a la sociedad será obra de cristianos convencidos y convertidos, maduros en su fe, una fe que les permita una confrontación crítica con la cultura actual, resistiendo a sus seducciones, y les impulse a influir eficazmente en los ámbitos culturales, económicos, sociales y políticos, (…y) a construir una cultura cristiana capaz de evangelizar y transformar la cultura dominante.”[1]


Nuestro comportamiento debe responder al de un seguidor de Cristo, que consciente de su más grande vocación: la de cristianos en el mundo, ilumina con su modo de ser las penumbras de las estructuras sociales secularizadas, alejadas de Dios, en las que el bien y el mal parecen lo mismo, para poder decir: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y te iluminará de Cristo” (Ef. 5,14).-


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com / Twitter: @emilioroz)








[1] Orientaciones morales ante la situación actual de España, n.37, Conferencia Episcopal Española, 2006.




 
 

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