“Hágase tu voluntad”

Lo rezamos en el Padrenuestro. Lo decimos frente al sagrario. No siempre es fácil.

 
“Hágase tu voluntad”


Me venía dando vueltas una oportunidad de trabajo. Era una buena oportunidad. Pero había un obstáculo: la coima, la corrupción. Todos los que estábamos mirando esa oportunidad sabíamos que algo podía salir mal.


Con el grupo de gente con el que trabajamos decidimos ir “por derecha”. Quisimos hacer las cosas bien. Fuimos honestos, francos, transparentes. 


Se nos dijo que “esta vez” sería diferente y que ganaría el trabajo el que lo hiciera mejor, no el que pagara a alguien.


Cada vez que venía a mi oración ese tema yo intentaba ser también sincero con el Señor y le decía: “que no se haga mi voluntad, si no la tuya”.


El trabajo se lo dieron a otras personas, y hoy nos hemos quedado con las manos vacías, sabiendo que hemos perdido no “por derecha”, sino “por izquierda”. Alguien puso en las manos del funcionario de turno, lo suficiente como para doblegar su moral y su decisión. 


Hemos pasado las últimas horas con tristeza, y como el ciego del camino de Jesús, nos hemos permitido gritarle. ¡Señor, Señor! 


“Hágase tu voluntad”. Esa es la única respuesta muchas veces a nuestros problemas.  A las injusticias con las que nos enfrentamos. A las trampas. A los enredos.


“Hágase tu voluntad”. Y, a medida que la repetimos, la calma va volviendo al corazón y al cuerpo que parece cortarse. Señor confiamos en vos. Dios mío tú sabes que estamos en tus manos y que –aún cuando no veamos con claridad- sabemos que estás eligiendo lo mejor para nosotros.


“Hágase tu voluntad”, como Jesús en el Huerto de los Olivos: “si quieres que pase de Mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Y entregándose al deseo de su Padre, nos redimió en la cruz.


¿Por qué creemos que la cruz no estará en nuestro camino? “Corazón, corazón en la cruz”. Y si lo repites, y si lo repito, la serenidad regresa y mañana comenzará una nueva lucha.


Fuente: Yo Creo


 
 

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