"No hay que dar cachetazos a los chicos, hieren su dignidad”

Francisco ya nos acostumbró a referirse a todos los temas: en su última misa se refirió a no cachetear en la mejilla a los niños, como manera y símbolo del cuidado de autoestima.

 
"No hay que dar cachetazos a los chicos, hieren su dignidad”

Desde el Vaticano, las palabras de Francisco en medio de su misa matutina fueron claras y sin rodeos para dedicar unos párrafos de su homilía en Santa Marta a reflexionar y condenar la violencia sobre los niños, y se refirió específicamente a las cachetadas en apariencia inofensivas que muchos padres propinan a sus hijos; para el Papa Francisco merecieron varios comentarios.


Lo primero fue recordar a Jesús cuando dijo que hay que poner “la otra mejilla”, como símbolo y síntesis de generosidad y grandeza cristiana frente al otro.



Usando esta figura grandiosa de Jesús y las mejillas; la “bofetada” a un niño representa un daño profundo a su dignidad.



Antes de llegar al papado, Bergoglio fue durante varios años un profesor y educador prestigioso y por eso habló de la necesidad que tienen los niños de reafirmar su propia seguridad y su propio lugar dentro de la familia y también en el ámbito de la educación. Los chicos necesitan ser escuchados y reconocidos por su entorno familiar y por sus maestros. Y  por todo aquel que lo inspire para ser mejor persona.



Los niños necesitan estar al reguardo de sus padres y entorno que los quiera y proteja; y es por eso que la palabra autoridad deriva del latín augere, que quiere decir crecer.



Mientras que la represión es una deformación de la autoridad. Cuando el papá o el maestro tienen que decir: ¡aquí soy yo el que manda!,  es porque han perdido toda su autoridad real.



Francisco se sigue perdiendo entre los fieles cada vez que culmina una de sus misas: no ahorra besos ni caricias. Tiene devoción por los niños y sus sonrisas que también lo alimentan e iluminan.



Y días pasados en medio de la Plaza San Pedro le dijo a un grupo de fieles: cuando regresen a sus casas , tomen a cada uno de sus hijos y denles una caricia. Luego díganles que esa caricia se las envía el Papa. Son mejores las caricias, que las bofetadas.



Fue en la misma misa que dijo la verdadera revolución de la historia: fue la revolución de Jesús.



(Fuente: Infobae)



 
 

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