¿Para qué educar? (II)

Última parte de las reflexiones sobre el desafío de la educación en la situación actual del Padre Rafael Velasco.

 
¿Para qué educar? (II)

ESCUELA Y VIDA


Jacques Julliard afirma en La escuela de la tiranía: "Se ha querido abrir la escuela de la `vida´, lo que nada significa. Tal vez se debería intentar abrir la vida a los valores de la escuela. Al pretender abrir la escuela a los valores de la vida, lo que se ha hecho es introducir los valores de la televisión: policías, drogas, corrupción, pandillas, violencia, obscenidad, y esta apertura es la que ha dado los resultados ya conocidos. Si la escuela debe construirse a semejanza de la vida, entonces es preferible el original a la copia; llegando al fondo de esta lógica inepta: cerremos las escuelas y dejemos  a los  niños en la calle".


Más allá de la radicalidad del autor, hay que recalcar que si la escuela educa -ayudando a la familia-, la sociedad debe acompañar. Y que en todo caso lo que debe introducirse en la escuela es una mirada que ayude a formar para hacer la vida mejor a los demás, una vida más visible, más justa, más solidaria.


El proceso educativo se ha encarnado. Se educa en contexto, desde un contexto, para ayudar a transformar el contexto. Es -bien dice Julliard- la vida la que debe abrirse a los valores de la escuela. Y es la escuela la que debe estar abierta a las necesidades de la sociedad, para no fomentar más la cultura de los "countries intelectuales" frenta a las "villas miserias" de la exclusión, la ignorancia y las escuelas sin recursos. El conocimiento tiene una carga social: debe ser compartido para mejorar la calidad de vida de una sociedad, en especial la de los menos favorecidos.


EDUCAR EN ELRESPETO DE LOS DERECHOS HUMANOS PARA  UNA SOCIEDAD PLURAL


¿De qué hablamos cuando hablamos de pluralismo? "Pluralismo" significa la capacidad de diversidad en el camino de búsqueda de la verdad. La aceptación e integración de lo diferente en el marco del bien común.


La pregunta acerca de si nuestra sociedad mundializada es plural merecería una discusión aparte (aunque me da la impresión de que no lo es).


Sería interesante preguntarnos si en la Argentina vivimos en una sociedad plural o solamente nos nutrimos de una diversidad de opiniones manejadas a golpes de encuentas. ¿Hay en verdad posibilidad de discursos políticos, educativos o religiosos plurales?


Es un error frecuente confundir pluralismo con relativismo o con la cultura del "dejar hacer", "dejar pasar", o con el fomento de las pulsiones más contradictorias. Pluralismo no debería entenderse como desinterés por lo común. Educar en el pluralismo es formar en la capacidad de apertura a la diversidad de pensamiento, pero es también motivar a la construcción de una sociedad mejor, más justa, más respetuosa de los derechos humanos.


Educar en una sociedad plural, con sentido crítico, significa también enfrentar la cultura del entretenimiento que termina banalizándolo todo. Una clase no tiene por qué ser divertida, debe ser útil, sabrosa, profunda. Para divertirse están la TV, la cancha, los videojuegos, el bar, otras cosas.


La lógica del proceso de enseñanza es bien distinta. Cuando hay verdadero pensamiento, pasión, sentido crítico -en fin, cuando hay docencia-, hay atracción. Ése es un escenario que convoca a lo más genuino de la inteligencia de cualquiera, toca las fibras más humanas de la persona, su anhelo de verdad, de bondad, de belleza.


La educación es un antídoto contra la banalización y la estupidez, contra un modo de vivir en el que no se toma nada en serio y se busca permanentemente la excitación en lugar del éxtasis. Estaba en lo cierto Nietzsche cuando afirmaba: "Lo que más le importa la hombre moderno no es ya el placer o el displacer, sino ser excitado".


ENTONCES, ¿EDUCAR PARA QUÉ?


Educar en una sociedad plural significará formar hombres y mujeres capaces de descubrir y dar sentido , un sentido que no está marcado por lo tecnológico ni por lo estrictamente científico, sino que encuentra su raíz en lo más profundo del ser humano, en esa sed que nunca es del todo saciada, sino en aquella "fonte que mana y corre aunque es de noche", como escribía Juan de la Cruz.


En una sociedad huérfana de sentido, educar es una forma del amor, porque sólo el amor da sentido y trasciende la difuminación de la alteridad y la canonización de lo banal con la que somos envenenados. Educar es proteger contra la enfermedad del sin sentido, pero significa preparar para afrontar consecuencias. Genialmente lo resume Freud: "Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar".


Se trata entonces de formar personas que sean ellas mismas fuentes de sentido; que sean signo del cambio que ellas mismas proclaman. Como bien lo dice don Pedro Laín Entralgo: "Vive y actúa como si de tu esfuerzo dependiese que se realice pronto lo que esperas o desearías poder esperar. Así quisiera, así quiero vivir yo en la historia. Muy bien sé que muchas veces no vivo así; pero cuando no lo hago, puedo al menos sentir en mi alma la desazón de no haberlo hecho".


Extraido de "En el nombre del Padre y del Rabino", Marcelo Polakoff y Rafael Velasco, editorial Sudamericana, 2ª edición, páginas 63-67.

 
 

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