Amores enfermos

No hay que generar amores opresivos e insanos, vínculos adictivos, sufrientes y dependientes que atan. Lazos de apego enfermizo.

 
Amores enfermos

Muchas veces la vida se juega entre amores y desamores. Una misma relación pasa por las pasiones del amor y las del desamor en diversos tiempos. Los que se aman pueden que dejen de hacerlo y, a veces, también ocurre lo contrario. El amor y el desamor a veces son tan parecidos. Hay amores que se vuelven desamores con el tiempo y hay desamores que se convierten en amores después de muchos arrepentimientos.


Un solo corazón para todas las emociones y sentimientos. Un solo amor para todo el amor y todo el desamor junto y también para toda la soledad que se va acumulando con el paso del tiempo y el cambio que sufren las relaciones.


En el amor, siempre la felicidad es un alguien, un otro distinto de mí. Cuando anteponemos el ego, el amor se torna confuso y, en ocasiones, por ésta u otras razones, se transforma en una pasión paradójica y contradictoria que,  muchas veces, simultáneamente, en un mismo corazón y un mismo tiempo, reúne amor y odio, aceptación y rechazo, lo sublime y lo vil, lo maravilloso y lo atroz, todo al unísono.


No pierdas por error a quien te ama y no intentes amar por error a quien no le importas. Cuando algo de esto ocurre, es saludable no tener expectativas, ni proyectar anhelos. Sin expectativas, sólo hay aceptación. Las cosas y los vínculos son como están. Se pueden modificar, ciertamente, sólo si aceptamos que están como ahora están.


No hay que generar amores opresivos e insanos, vínculos adictivos, sufrientes y dependientes que atan. Lazos de apego enfermizo. En estos casos son típicas las frases: “si te vas me muero”, “no soy nada sin tu amor”, “yo no valgo nada sin ti”, “eres el sentido de mi vida”, etc.  Vínculos obsesivos, conflictivos, re-incidentes y sobre-involucrados con el otro  usan generalmente estas frases. Esto  ocurre para evadirse de un sufrimiento emocional no resuelto. Se busca una anestesia, un parche, un sustituto, un paliativo al dolor,  tapando el vacío. El amor dependiente termina siendo masoquista y sádico. El co-dependiente genera vínculos narcisistas, disfuncionales y frustrados y de displacer. No conoce otro modo de relacionarse.


En relaciones así, se enferma la confianza. Comienza  una especie de malestar por estar juntos y -a la vez-  no separase. Hace mal aunque no se puede vivir sin este lazo. En situaciones así se puede llegar incluso al maltrato: psicológico, afectivo y emocional. Se naturaliza la humillación, los reclamos y el desamor. El vínculo se rige por el esquema sometedor-sometido.


El vínculo comienza a ser muy  disparejo y destructivo. Hay que buscar el límite de lo tolerable y después de un sano corte, hay que empezar a reconstruir la autoestima. El verdadero amor es salud y disfrute. Nunca es enfermedad y padecimiento.


Fuente: Yo Creo – Autor: P. Eduardo Casas


 
 

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