Cómo rezar con corazón de niño

Las luces de la capilla eran tenues, Cristo al centro, con la luz que resaltaba más aún su presencia. Silencio que es presencia amorosa de un Dios cercano.

 
Cómo rezar con corazón de niño

Cada jueves tengo la oportunidad de acompañar a Jesús durante una hora eucarística. Es una hora de adoración donde busco reparar, acompañar y escuchar a Jesús en recuerdo de su oración en Getsemaní. Desde ese recuerdo de "velad y orad" el corazón se admira de su gran amor y busca comprometerse más con Él y su entrega incondicional a nuestro amor.


Ese fue un jueves especial. Las luces de la capilla eran tenues, Cristo al centro, con la luz que resaltaba más aún su presencia. Silencio que es presencia amorosa de un Dios cercano.


En un momento de esta hora, normalmente un sacerdote o un religioso suele leer el Evangelio y hacer una breve explicación del mismo. Ayer fue distinto. Subió una niña de 12 años al ambón, Anita, para leer el Evangelio y nos hizo un breve pero profundo comentario. El pasaje del Evangelio era el encuentro de los dos ladrones con Cristo en la cruz.


De su comentario que les comparto, saco algunas lecciones para rezar con un corazón de niño:


Me impresiona cómo se burlan de Ti Jesús; cómo no son capaces de ver el amor que les tienes. A mí me pasa alguna vez, ya lo sabes: que no sé mirarte y ver tanto amor. Sé que me estás esperando en la comunión todos los días y a veces prefiero jugar con mis amigas en vez de estar 5 minutitos del mi día contigo, dentro de mi corazón. ¡Y con ellas puedo estar el resto del día! 5 minutitos no me cuesta nada. Pero hoy he venido a verte. Espero que te alegres. Cuando te miro así, me recuerdas todo lo bueno que tengo: mi familia, mi colegio, mis amigos...


1. La mirada de una niña que sabe descubrir el amor, el dolor y hacerlo también vida de su vida y reconocer su deseo de mirar a Dios con un corazón generoso.


2. El corazón de una niña que reconoce el amor de un Dios que se hace presente y que nos espera.


3. El anhelo de eternidad, de ver a Jesús y poseerlo en el corazón y así experimentar el profundo gozo de ser de Jesús.


4. La mirada que es recuerdo de un amor siempre fiel y que transformar el corazón de Anita en gratitud.


¿Por qué el ladrón que te estaba mirando te insultaba? ¿No te reconoció? A lo mejor te había visto por las calles, con tus amigos. Y ahora que estaba a tu lado no se supo arrepentir y sólo te insultaba para poderse salvar él mismo. A mí también me da miedo a veces que no me perdones y yo tampoco me atrevo a pedirte perdón, y se me amontonan los pecados. No me gusta, porque tampoco hago feliz a los que tengo cerca.


5. El dolor por el pecado, que me aleja de Cristo y no me deja verte como eres y como me has creado


6. El temor de no ser perdonado ante el sufrimiento de Cristo, ante tanto amor y tanta pequeñez por mi parte.


7. El reconocimiento de que mi pecado afecta también a los demás: no me hace feliz y no me deja hacer felices a los demás.


Pero cuando me perdonas, como al otro ladrón, me siento como si me hubieses dado un abrazo muy grande y entonces sí que noto tu amor. ¡¡Me encanta esa sensación!!


Y quiero darte las GRACIAS por acompañarnos desde el sagrario.


8. El acoger el perdón de Dios con amor, con un gran abrazo de Dios


9. El disfrutar la vida de gracia, el estar con Cristo quien vive en mi corazón


10. El agradecer finalmente la presencia siempre fiel de Cristo en la Eucaristía


En tan pocas palabras, Anita nos dio una gran lección de cómo tenemos que rezar, cuáles son las actitudes del corazón que quiere encontrarse con el Señor.


(Fuente: Blog de la oración – Autor: P. Guillermo Serra)


 
 

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